Estimados hermanos y hermanas: «El Señor os dé la paz».
Por días de descanso, no me encuentro en la Villa Condal de Cocentaina (Alacant), sino en la Puebla y Villa de Guadalupe, en nuestra Casa Franciscana del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Patrimonio de la Humanidad).
Conforme a los «documentos» de la Santa Sede, siempre que el día 6 de septiembre —día litúrgico de Santa María de Guadalupe— cae en Domingo, es Año Jubilar Guadalupense. Así ocurre en este año: el pasado sábado 30 de agosto, el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Don Francisco Cerro Chaves, procedió a la Apertura de la Puerta Santa, que abre el Año Jubilar —que se cerrará el próximo 8 de septiembre de 2027—, para que Extremadura y toda España podamos ganar las indulgencias plenarias otorgadas por Roma a todos los que crucen la Puerta Santa y ante la Venerable Imagen de Santa María de Guadalupe (acercándose a los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, y orando el Credo y por las intenciones del Romano Pontífice León XIV).
Fue una mañana de Gloria: «Abrid las Puertas al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo». Y desde el domingo 31 de agosto hasta el próximo 8 de septiembre (Día de Extremadura), comenzaron las Novenas a la Venerada Imagen de Nuestra Madre y Patrona de Extremadura y Reina de las Españas, la Santísima Virgen María, en su advocación «secular» de Guadalupe.
Cada día, las Novenas —a las 9 de la mañana y a las 8 de la tarde—, con el Himno: «Tarde de paz y alegría, bullicio de peregrinos…, que traen hacia Guadalupe, el fervor de Extremadura, con los fulgores de España, ¡la calle es un templo vivo en medio de estas montañas de las Villuercas!» Mientras el «guadalupejo» canta su loa a esta Virgen singular: «de todos seáis loada, oh Virgen de Guadalupe». Orad, rezad, peregrinos de esta Archidiócesis Toledana, y de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, y las diócesis vecinas. La noche ligera pasa. Mañana es día de fiesta en la gloria de esta Basílica papal de Guadalupe. Prosigue el canto de los Salmos vespertinos con sus antífonas: «Alégrate, Virgen María, llena de gracia, el Señor está contigo». «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí tu palabra». «Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre». «Santa Madre de Dios, Guadalupe. Santa Madre de Dios, Morena, ruega por nosotros, tus hijos, que te cantan y rezan. Santa Madre de Dios, Guadalupe, Morena, Patrona de Extremadura, Señora y Reina».
Y ese 6 de septiembre, día de Santa María de Guadalupe, Domingo del Año Jubilar: al caer la tarde, la Fraternidad Franciscana, en profundo «silencio», subimos al Camarín. La Señora ya está fuera de su Trono, cubierta de un tupido y rico velo de siglos, esperando a los hijos de San Francisco de Asís. El hermano Sacristán reparte el manto —este año lucirá el manto de los Escudos de la Orden Seráfica—, la Saya, la Toca, el Rostrillo, el Cetro, el Bastón; y el Predicador de esa noche portará en una antiquísima bandeja dorada con cristales de verde esperanza al Niño, Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, encarnado en el vientre purísimo de Santa María, la Virgen Madre. Se procede a la incensación de la Imagen y a la oración propia de la «Morenita de las Villuercas».
Se inicia la procesión de siglos de la «bajada», hasta la «Cama de la Mora» —situada en un lateral del Presbiterio alto—. La Venerada Imagen es portada por el P. Guardián con la ayuda del hermano Sacristán, mientras la Fraternidad Franciscana canta el Magníficat. Una vez depositada en la «Cama de la Mora», fray Javier —el Sacristán de la Virgen— procede a vestirla y le coloca la Corona Rica —la más rica del mundo—. Al final se suben las cortinas de la «Cama de la Mora»… y la Real Basílica, abarrotada de peregrinos y de la multitud de guadalupenses, responde con una muy larga y emocionante ovación, y los consiguientes: «¡Viva la Virgen de Guadalupe!»…
Bajan las cortinas para que el día 7, en la mañana —día de los Peregrinos—, vuelvan a subirse y la Bendita Imagen pase al Trono, en el centro del Presbiterio, para la celebración eucarística. Al finalizar comenzará el «Besa-Manto»; la Basílica permanecerá abierta toda la noche, hasta llegar el día 8 de septiembre para la Misa Pontifical, en la que participarán todos los Arzobispos y Obispos de estas Archidiócesis y el incontable número de sacerdotes, con su posterior Procesión por el Claustro Mudéjar.
Ya el día 9 se procede a la Eucaristía y, al final, el mismo ritual para subir a la Señora a su Trono en la Edícula del Camarín, donde estará todo el Año Jubilar, siempre atenta a nuestras oraciones, súplicas, plegarias… y las lágrimas de la multitud de devotos que se acercarán a la «Reja» o subirán al Camarín para contemplar a la Madre de Dios en su advocación de Guadalupe.
¡Salve, Señora, Reina santa, Madre santa de Dios, María!
«¡De todos seáis loada, oh Virgen de Guadalupe!»
