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Oración Gaudete


14 diciembre 2024

ORACIÓN GAUDETE

¡Hola, hola, amigo Jesús!

En este Domingo qué bonito me cae el nombre que te da Juan: “El Esperado”. O, como te dijo tu amiga Marta: “el que tenía que venir al mundo” para que todo y todos lleguemos y vivamos la plenitud. O aquello de Cortés titula un libro: “Qué bueno que viniste”.

La noche reclama y necesita el amanecer. Estamos en la oscuridad y deseamos, estamos envueltos en tinieblas y en sombras de muerte y necesitamos al “Sol que nace de lo alto”. ¡Loado seas mi Señor, por el hermano Sol!

Buscamos a Dios y necesitamos verlo “achicadito” en tus ojos y en tu corazón. Deseamos acertar en la vida y, engañados por tanta mentira…, no sabemos qué rumbo coger, a veces todo es un sinsentido...

Necesitamos verte, porque tú sí que sabes lo que quieres y a dónde vas. Y sabemos que acertaste en el rumbo, y nosotros nos entretenemos en “luces de colores”, mientras que muchos no tienen nada para la Nochebuena.

Amigo Jesús, me ha hecho mucho bien eso de que somos un desierto que linda con el río.

Juan se fue al desierto y allí encontró las palabras de Dios que tenía que gritar. De ti, dice el evangelio, que fue nada más ni nada menos que el Espíritu el que te empujó al desierto donde se pueden escuchar todas las voces: las de Dios y las del diablo. El desierto es la gran oportunidad de aclararse... ¡Qué bien cuando peregrino a Tierra Santa, y llevo a los peregrinos al desierto y dedicamos tiempo para orar en el “silencio”, y la gran mayoría en la soledad me piden “Confesión”…, es una experiencia gozosa, esperanzadora…! Aunque a veces me voy solo al desierto, qué bien me viene, sólo contigo Señor. Pero soy consciente de que el desierto lo llevo dentro, aunque luego intente convertirlo en un jardín con entretenimientos y tareas.

Y aquí en este tercer domingo –Domingo Gaudete-, Domingo de la Alegría, quiero hacer el acto de fe de que ciertamente soy un desierto, pero un desierto con suerte porque limito con el Río.

Amigo Jesús, soy un desierto que limita contigo. Soy sequedad que limita con la exuberancia de la vida. Soy fragilidad que linda con el más Fuerte, contigo el Enmanuel, soy sombra que linda con la Luz, soy poco hermano que linda con el Hermano más bueno, soy un mal hijo de Dios que linda con el Hijo bueno.

¡Qué bueno, amigo, que lindo contigo, que vamos a la par por la vida, que “yo vivo en ti y tú vives en mí”! Esa comunión que nos coloca como UNO en la vida, me está salvando.

El desierto que soy está abierto a la esperanza de llegar a ser oasis y vergel. Por esa esperanza quiero darte las gracias más sonoras.

Y ahora viene lo difícil: concretar. Puedo ser desierto y morirme de sed estando cerca del río. Lo sé, me ha pasado y me sigue pasando, aunque menos, porque sé que el río me salpica. Sí, tú me salpicas.

Quiero como María acoger todas tus salpicaduras. Quiero en este adviento “comerte con mis ojos” y asombrarme por ese derroche de ternuras y amores de Dios.

Decido orar más y mejor.

Ayúdame, y ayuda a los hermanos que te buscan, a vivir en este empeño.

Que así sea: ¡Ven, Señor Jesús!