Hay razones místicas y profundas para ir a misa -además del mandato de la Santa Madre Iglesia- pero no hay por qué despreciar ni ocultar las razones prácticas y razonables.
“Cuando alguien meramente va al culto, la probabilidad de que lo haga con regularidad y se implique en otras cosas eclesiales disminuirá con el tiempo. En nuestra iglesia me doy cuenta de que la gente más implicada, la que sirve, hace donaciones, invita y participa en un grupo comunitarios, son los que acuden con más frecuencia. Valoro cada vez más el implicarse sobre el meramente asistir”.
La Iglesia Católica ha animado a los católicos de misa dominical a intentar acudir a la misa diaria, y al jubilarse o conseguir un horario adecuado, muchos lo hacen.
Además para la Iglesia, el "sólo asistir" no es sino el participar del sacramento de la Eucaristía, culmen y cima de la fe. Eso tiene valor en sí.
En España hubo un gran cambio sobre todo en los años 90 al disminuir la práctica dominical y a partir de 2010 al hundirse los matrimonios católicos y las confirmaciones. Tenemos que hablar de un cambio cultural "como un seísmo" y dice que los líderes de iglesia que no lo reconozcan no podrán cambiar a tiempo.
En la cultura online te puedes encontrar a feligreses que atienden y viven la celebración y también habrá algunos que miran en Google mientras la celebración; son fieles que hacen su propio mix espiritual, que no lleva monedas en el bolsillo pero quizá te hagan donaciones por Bizum.
La misa no puede cambiar mucho aunque las homilías pueden mejorar, también la música y los lectores y la acogida y la decoración.
Y todo esto nos debe a todos, después de su lectura y reflexión, un cuestionamiento serio para llegar a conclusiones que estén en el misterio de la fe en Cristo, el Salvador.
El desconocimiento del Amor de Dios… la omisión del “temor” de Dios… a veces una pastoral acomplejada y debilitada…; pero interroga esta masiva desafección a la celebración de la fe. Como una “huida” de la Santa Misa.
¿Para qué vamos a Misa?: La respuesta correcta es: para dar gracias a Dios por su infinito amor, ya que la Santa Misa es el memorial de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Nuestro Señor Jesucristo.
Vamos a Misa para reconocer el infinito amor de Dios por nosotros y porque ese amor suscita una respuesta desde nuestra realidad humana y espiritual. La respuesta de un corazón agradecido es hacer de la Misa el centro de la vida, no sólo de la semana. Cuando de verdad creemos que la Misa es eso: Santo Sacrificio de Amor entonces si dejamos de ir es porque o no tenemos FE o sencillamente nuestro corazón es frío como el hielo y duro como el metal más denso. Si no vamos a Misa en domingo es porque nos da igual el Amor de Dios por nosotros, despreciamos su crucifixión expiatoria por nuestros pecados.
Por eso la primera causa del abandono de la Misa dominical es el desconocimiento u olvido del Amor que Dios nos tiene.
Bitácoras