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La Misa Dominical Asistencia y Participación (I)


26 Agosto 2024

En todos los ámbitos particularmente un servidor en las distintas ciudades que he vivido en estas últimas décadas he ido observando que poco a poco ha ido descendiendo el número de católicos en la asistencia y participación en la vida Sacramental de la Iglesia. Y la verdad es que hablar reflexionar y escribir es tema es serio y creo que debe de tomarse con seriedad tanto en lo personal y mucho más todos como Iglesia en las Diócesis Vicarías Provincias Religiosas Arciprestazgos Parroquias Conventos Capillas…

Pienso que es cada persona cristiana cada institución en las que debe de surgir con seriedad el interrogante sobre la disminución de la asistencia y participación de los fieles en la Misa Dominical y en la vida sacramental… así como en Fiestas Patronales (aunque en esto de “fiestas hay tratar el tema con seriedad y a la vez con prudencia por aquello de la costumbre de los pueblo)… a mi parecer y entender es un tema para tratarlo con mucha seriedad y buscar las causas las razones y ver juntos qué podemos aportar para que de nuevo descubran el valor la significación e importancia… así como la centralidad de la Misa en la vida Cristiana sin olvidar que en el conjunto de “fieles” todos somos y formamos la Iglesia luego a todos nos compete.

Sin duda el descenso es notorio y todos sabemos que “todo en el mundo en las últimas décadas ha cambiado profundamente inclusive la vida espiritual de las ciudades pueblo… la vida espiritual de las personas por supuesto que mi escrito tengo presente a todos y a la vez expreso mi respeto a otras religiones y por supuesto a los distintos ritos dentro del cristianismo en particular mi preocupación está en la vida de la iglesia de rito católico romano”.

Es cierto que razones hay muchas: pero debemos de empezar por la vida espiritual de los católicos que cada día sufre un descenso en la “experiencia” o “vivencia” espiritual con el misterio de Dios: Padre Hijo y Espíritu Santo así como la apuesta decidida y sincera sobre la vida de la Iglesia.

Y todos vivimos nos movemos y existimos en esta sociedad occidental que llamamos: sociedad “líquida” sociedad en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y encerrada en sus certezas estructuras “pseudo culturales”…donde “todo vale” sus “razones” pueden ser válidas pero lo más cierto es que son razones “superficiales” y demasiadas “excusas”…; sociedad sumergida en el nihilismo desde todo lo relacionado con la religión en particular con lo católico pasa por la “burla” el “escarnio” lo “grotesco”…-véase la inauguración y clausura de los juegos olímpicos en París-. Quién pensaría algo así en la cristianísima Francia. Y decimos sociedad “líquida” y por otro lado sociedad “Z”…

Nosotros los católicos debemos de estar convencidos de que: “No son del mundo como tampoco yo soy del mundo. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17: 15-17) y en esta realidad vivimos. Estamos en una sociedad activa-frenética con fuertes dosis de hiperactividad…; con mínimos de natalidad y un alto índice de envejecimiento…; y la gran marca de hoy como es el individualismo…; relativismo moral…; narcisista centrada en la doctrina de la apariencia el consumismo…; y no digamos de la realidad tan cruda por la que está pasando la vida familiar desestructurada…; desplome de valores humanos… la pérdida del sentido de la vida de la fe…; visión materialista del hombre…; un vacío existencial…; crispación política indiferencia…; sociedad secularizada de nuestro tiempo depurada de todo lenguaje de fe… sociedad que necesita mayor formación en los valores humanos religiosos y también en valores de la vida democrática…; pero esto es lo que tenemos aquí nos toca vivir y ante ello podemos y debemos anunciar el Evangelio de Cristo.

En esta sociedad no podemos confundir los síntomas con las causas. Las razones son síntomas de algo más profundo y complicado de abordar. Siempre nos centramos en los jóvenes (de países de antigua tradición cristiana que se han apartado radicalmente de la vida de la iglesia) pero debemos profundizar que también hay que pensar en los padres en las familias y su entorno… en el trabajo y amistades… Aunque por desgracia caemos en el envite pastoral se suele centrar en los jóvenes y olvidamos que estos jóvenes necesitan del apoyo de sus padres familiares… y también de nosotros de los pastores de la Iglesia para que los jóvenes puedan empezar a conocer y vivir la fe y decir jóvenes es decir “todos”.

Hoy podemos preguntarnos y ser conscientes de qué ha pasado en las últimas generaciones para que esto suceda. Entre otras seguramente nos encontremos con abuelos que practicaban por costumbre social padres que han dejado de asistir a la misa e hijos que únicamente ha recibido los sacramentos de iniciación.

En este momento eclesial no podemos ni debemos dejar que se “estrellen” los niños lo jóvenes los padres los abuelos y los familiares en general. Tampoco podemos caer en juzgar las realidades íntimas de las personas. A la Iglesia le toca nos toca discernir y señalar los problemas de las personas de las familias y la sociedad y ofrecerles el misterio de la Iglesia como Comunidad de acogida y sobre todo ofrecerle a Cristo como Señor y salvador.

Debemos abrirnos al diálogo como espacio para el intercambio de sentimientos emociones conocimientos… En esto no podemos olvidar aunque vivamos en un Estado democrático que el propio “sistema” español procura de encargarse de dar solución a todos los problemas de las personas –aunque la realidad es bien distinta- con un fin claro de apartar a las personas del seno de la Iglesia con su clásica pregunta o afirmación “¿hace falta Dios?” si el Estado proporciona todos los servicios buenos aquellos que les viene bien en su propio beneficio partidista… pero los cristianos sabemos que el “sistema” no es la única solución para la vida de las personas. Lo que sí es cierto es que los católicos necesitamos a Dios Padre Hijo y Espíritu Santo… y la Iglesia y esto no es para guardarlo o esconderlo sino para hacerlo visible bien visible en medio de nuestra sociedad que necesitamos la vida eclesial la del cielo y la fraterna de la tierra.

Recientemente han señalado algunas “razones” por decirlo de alguna manera como que causas están muy centradas en el contexto cultural de España y en otros países europeos. A la hora de interpretar estas razones desde un contexto católico hemos de recordar la necesidad en la vida personal y en la de todos de vivir domingo tras domingo el encuentro fraterno de la Eucaristía.

P. Francisco M. González Ferrera ofm Convento San Antonio de Padua en Las Palmas de Gran Canaria.