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“Tomad, comed y bebed… soy Yo”


17 Agosto 2024

¡Hola, amigo Jesús!

Pan bueno que el Padre nos da cada día.

Y este domingo XX, seguimos con Jn 6, 51-59, y nos dijiste: ¡Quiéranse mucho!, y es que eres tan claro, tan llano…, he insistes: “Yo soy el Pan de Vida…, y el que lo come, come la carne del Hijo del Hombre…, y si no bebemos tu sangre, no tendremos vida, ni aquí, ni allá en el cielo…”.

Tú sabes y tienes Palabras de Vida eterna, siempre tiendes a ser contundente, sin matices…, dices lo que dices y punto, aunque a muchos, al escuchar a Jesús, les parecieron tan duras que lo abandonaron, “y ya no volvieron a estar con él”. Jesús afirma con rotundidad “… que el que no lo come, no tiene vida, porque Él es el Pan de la Vida…”. Pan que primero fue amasado por el Espíritu en el seno purísimo de la Virgen María, y ahora quiere ser amasado en tu corazón.

Y me detengo con San Pablo, hablando de las comidas en las que celebraban la cena del Señor. Cayeron en la mentira de querer celebrar aquella cena en la que Jesús se hizo pan, se partió y se repartió y ellos “comen juntos pero cada uno se come lo suyo sin compartir con los otros”. “Celebran el compartir sin compartir”. Y les dice: “si no están dispuestos a pensar en los demás, mejor se quedaos en vuestras casa”. Esto ya deja claro que la Misa no es un rito que se hace y en el que yo estoy presente. Si no hay identificación con Jesús y compromiso con los demás, “eso ya no es la Cena del Señor”.

¿Qué diría San Pablo de muchas de nuestras Misas?

¿Nos dirá que para ofender a Jesús y a los hermanos con esa mentira, mejor nos quedemos en casa?

¿Cuándo vas a Misa se mueven en ti los sentimientos de Jesús?

La Eucaristía -la Misa- es Memorial de Jesús Vivo. La Misa no es un simple recuerdo de lo que Jesús y los discípulos vivieron “la víspera de su muerte”, convertida ahora en un rito que lo revive. La Misa es un ACONTECIMIENTO GOZOSO que sucede ahora. Sucede contigo, delante de tus ojos, aunque no te enteres. ¿Tú estás ahí? ¿Seguro? ¿Tienes ahí la mente y el corazón? La Misa es un acontecimiento en el que Jesús, todo Jesús, está presente, por eso “lo de Jesús” puede y debe suceder contigo hoy.

El Jesús de nuestra Misa viene de la vida, cargado con las alegrías y las penas, con las traiciones y las esperanzas, con los aplausos y las cruces suyas y de la gente, porque, como dice Isaías: “…cargó con nuestros dolores...” Ése es el Jesús de la Misa en la que estás. ¿Sintonizas con ese Jesús, cargado con los dolores de todos?

¡Ay!, con qué rutina decimos: “anunciamos tu muerte…” El Jesús de la Misa es Palabra viva del Padre. Y le oímos hablar de amar siempre, de ser fiel hasta la muerte, de la fecundidad del grano de trigo que muere, de que “…el que da la vida, ése es el que la gana…” ¿Escucho al Maestro? ¿Guardo sus Palabras y las rumio? ¿Me sirven para reorientar mi vida? El Jesús que viene a tu Misa es el que está gastando su vida por hacer un mundo nuevo. La Cena del Señor es anuncio y ejemplo del Reino de Dios: todos hermanados y Dios en medio de sus hijos. ¿Te hermanas con los que participan contigo en la Misa? ¿De verdad...?

La Comunión no es “premio” porque has sido bueno. La Comunión es identificarse con Jesús para ser otro Jesús en la vida. Lo verdadero sería que al “salir de Misa” y me pregunte: ¿qué haría Jesús aquí?, para hacerlo yo.

La Misa ha de ser un encuentro con Jesús vivo, con su amor, con su invitación a continuar su tarea, con su paz y su alegría. Y un encuentro con los hermanos que están en el mismo camino. ¿Tú qué haces, qué aprendes, a qué te comprometes? ¿O te vas de la Misa como si nada hubiera pasado?

A la Misa hay que llevar toda la vida que vivimos, para ponerla al sol de Jesús y confrontarla con él. Si no llevo la vida, ¿cómo la voy a renovar, cómo voy a llenarla de su vigor y su presencia para volver a la calle un poco más cambiado, más como Jesús?

Los cuatro tesoros de la Eucaristía:

* El Padre nuestro se alegra al ver a los hijos reunidos. Ya es una alegría para los hermanos reunirse en la mesa del Padre y con el Hermano Mayor. Pero a los que reconocemos “hermanos”, y por razón de ser hermanos, sólo los encontramos cuando decidimos “ir a su encuentro”. Y, hoy por hoy, eso sólo sucede en la Eucaristía.

* Dios no es mudo. “Habla hasta por los codos”. Porque nos quiere, nos habla. Nos lo dice todo en Jesús. Por eso es tan saludable escucharle. Se trata de escuchar como María a Dios: “He aquí la sierva del Señor”.

* Para que podamos ser “otro Jesús”, hay que comer a Jesús. La comunión no es un premio. No se comulga “para ir al cielo” o tener méritos; se comulga para ser otro Jesús en la tierra. El Pan de Dios alimenta la Vida que no muere. Y Jesús es ese Pan.

* Y vivir dando gracias. La Palabra Eucaristía quiere decir “acción de gracias”. En la Misa nos reunimos para darle gracias a Dios. Nos da la vida y nos la mantiene, ¿cuándo te juntas con los hermanos para darle las gracias? ¿O te conformas con “derrochar” la herencia de la vida que te está dando sin dar gracias?

Es verdad que a veces por falta de espiritualidad, también de formación catequética nuestras misas pueden ser “tristes”, “aburridas”…, y decimos: “no me apetece”…, y nos justificamos. No nos planteamos la vida eclesial, de si quieres ser de Jesús…; estamos un poco o un mucho a “estar a gusto en casa”, “vemos” la Misa en rtve… Pero… ¿Y los hermanos? ¿Y la comunión? ¿Vas a permitir que una desgana pueda con tu fe y con tu fidelidad a Jesús?

Y el Señor nos dijo: “Hagan esto recordándome”, habrá que planteárselo, habrá que responderle. Porque eres adulto tendrás que tomar una decisión. Y luego… ¡Que Dios nos ayude a ser fieles!  Hermanos tenemos que querernos unos a otros…, que seamos apoyo, aliento…, unos con los otros…, porque sabes que en la Misa te llena, y porque  la llenas de todo lo tuyo.

Gracias Señor porque es Domingo.

¡Me voy a Misa!

¿Vienes?