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¡Cristo, el buen Pan!


10 Agosto 2024

¡Hola!, Jesús, y otro domingo que nos regalas a tus amigos, a la Iglesia Universal. Eres ese buen amigo, querido y amasado en el vientre de María con el Amor inmenso de Dios por todos. Así eres tú, totalmente de Dios y totalmente nuestro, y a veces que poco valoramos que Tú el Señor nuestro Absoluto. A veces me parece que los cristianos no te conocemos, o no tenemos muy claro eso de que eres el Cristo de la fe.

Ya, los que conocían a tu familia creían que ya sabían todo de ti y se extrañan que les digas que has venido del cielo. ¡Claro que has venido del cielo! Eres el regalo de Dios al mundo. Eres el Pan no bueno, buenísimo, con que el Padre quiere alimentar nuestro vivir, Pan de vida eterna.

Eres Señor, el Buen Pastor, el Buen Amigo, el Pan bueno amasado por el Padre. Creo que también yo he sido amasado por el Amor de Dios en el vientre de mi madre, pero no lo sabía, o se me había olvidado. ¡Me alegra tanto saberlo…! Me gusta pensarme hoy como pan amasado por Dios.

Sabes Jesús, me entusiasma creer que estoy aquí para dar vida a otros. En ti hoy me reconozco y quiero ser pan bueno para la gente. Tú te me das, me alimentas de tu Pan, y me haces pan para los demás. ¡Yo me doy, yo me entrego, y ellos se alimentan de mi vida, de mi entrega! ¡Qué bien Señor!

Y así crece el amor y la vida en el mundo. ¡Qué bueno; para eso estoy aquí! Ahora en estos días un tanto ajetreados por preparar el equipaje para un nuevo destino, allí donde la Vida Religiosa me pide…, estuve mirando fotos de la madre que me parió y de las muchas madres que has puesto en mi camino. Y las vi como pan que se daban, que se partían. Sé que eras tú el que alimentabas el amor con que me amaban y con el que amaban a todos. Hoy quiero agradecerles tanto amor, tanta entrega. Y darte las gracias a ti, que las hiciste tan bellas, tan especiales... Y gracias por tantas personas que son pan bueno. Esto ciertamente es muy bello. El problema es que para que el pan alimente a otro y dé vida, tiene que entregarse y partirse, con mucha generosidad.

Y esa entrega y generosidad, ya sabes que a veces duele. Tú no sólo eres Pan para adorar, eres pan partido y entregado; eres amor herido, amor crucificado. Y, ante eso, yo y tantos, seguimos un poco mimositos, muchas, veces, pero que muchas veces me echo para atrás y para evitar que me rompan, me repliego sobre mí y me cuido tanto, me protejo tanto que parezco más una piedra que se atrinchera en su soledad y en su egoísmo.

Me parezco al pan. Así me ha hecho el que me hizo. Pero a veces funciono como piedra. Para no partirme, me encierro en mí mismo. Para que no me hieran, me hago insensible, cierro los ojos, los oídos y el corazón. Me desfiguro. No es eso lo que aprendo del Padre, de ti, y del Espíritu Santo, y ese no es el camino evangélico de la Iglesia. No es eso lo que aprendo de los que me han ayudado tanto amándome. Señor, haznos pan bueno, como tú, para pasar por la vida dando vida, como tú.

Que así sea y hasta el próximo domingo.

¡Gracias Señor!