Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
La misión esencial de la vida religiosa es ante todo eso: ser vida religiosa. Hoy muchas Congregaciones se preguntan: cuál es su carisma y cuál es su identidad y la misión dentro de la Iglesia, y en la sociedad. A la vida religiosa no le basta con funcionar bien: debe tener sabor y poner sabor en la sociedad y en la Iglesia. Y en esta línea debemos ir al siglo XIII cuando los dominicos y los franciscanos diseñaron un proyecto de vida religiosa que integraba la contemplativa y apostólica, Y fue el dominico Santo Tomás, y el franciscano San Buenaventura, los que ofrecieron una teoría teológica para esta armonización. Encontraron la clave de solución en la proyección “política” de la contemplación cristiana y en la dimensión “mística de la actividad apostólica”.
Hoy el tema es el mismo, la relación entre el ser y el hacer, entre la razón simbólica y la razón instrumental. Y se ha planteado porque la institucionalización y funcionalización de la vida religiosa ha dejado al descubierto las debilidades de su dimensión carismática y simbólica. Se ha pasado de la “fase de la estabilización”: éxito, activismo, satisfacción por la eficacia del propio trabajo, inercia comunitaria, debilitamiento de la oración y de la experiencia mística, sensación de bienestar y resistencia al cambio, acumulación de bienes, abandono de la sencillez y la pobreza, acomodación a los valores seculares…, y cuando esta situación ha tocado fondo, se ha planteado el problema de la identidad y misión de la vida religiosa. Por eso, hoy se siente la necesidad de rescatar la dimensión simbólico-política o la identidad carismática y profética de la vida religiosa. La teología actual define la misión esencial de la vida religiosa desde la razón simbólica. La crisis y el debilitamiento de lo carismático tienen mucho que ver con el predominio de la razón instrumental de las congregaciones.
En lo pastoral, la vida religiosa se ha “clericalizado” y parece más interesada en cubrir puestos pastorales que en ser vida religiosa. Tal vez el “olvido” de que la vida religiosa es “parábola existencial del seguimiento de Jesús”; “parábola narrada por el Espíritu”; “poderoso signo”; “símbolo radical del seguimiento”; “signo del reino de Dios en el mundo”; “esbozo del Reino”; “signo existencial de la esperanza mesiánica”, “parábola de comunión”; “memoria viviente de la escatología”; “cifra de toda la comunidad eclesial”; “memorial de la fe”.
¿Qué significa?, que el núcleo de la vida religiosa es una experiencia radical de fe, una experiencia mística de Dios y del Reino. Esta experiencia es anterior e interior a todo el ser y el hacer de la vida religiosa. Es una experiencia de lo Sagrado-Absoluto. Es una inmersión en las fuentes primordiales del ser, de la vida, de la verdad y del sentido, que trasciende las capas superficiales de la realidad inmediata. Es una experiencia de la trascendencia que revela la significación originaria de la realidad inminente. Misión fundamental de la vida religiosa a lo largo de la historia ha sido recordar a las sociedades y culturas esos estratos más profundos del ser de la vida; testimoniar la dimensión mística de la realidad. La vida religiosa ha nacido en todas las culturas y religiones…, con su misión apunta al corazón de la sociedad, porque testifica, recuerda y urge los valores más profundos del ser humano.
La expresión “reino de Dios” resume en los evangelios todos los valores de la experiencia cristiana. La misión fundamental de la vida religiosa es ser símbolo o parábola de ese Reino, testimoniar y articular sus valores. Valor prioritario es la experiencia de Dios, la dimensión mística y trascendente, libera a la humanidad de una inmanencia opresora y carente de esperanza. Mostrar a la humanidad el valor absoluto del Reino de Dios y cómo se debe vivir este Reino desde la intimidad escatológica, sin olvidar que históricamente las congregaciones han nacido en la periferia, en la frontera, en el desierto. Para regenerarse, la vida religiosa necesita regresar a los lugares donde nació. Los beneficiados no serán solamente los pobres, marginados, migrantes…, sino la misma Vida Religiosa.
Bitácoras
