Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
En los evangelios encontramos un diseño de comunidad, no como vida religiosa, sino como comunidad cristiana, Iglesia. Ahí, en los pasajes evangélicos encontramos elementos que constituyen el fondo teológico de la comunidad cristiana. El primero es indudablemente el puesto destacado de Jesús. Él es el centro de la comunidad, los llamó –a los que quiso-, para que estuvieran con él y para enviarles a predicar… (Mc 3,13-14). La cercanía a Jesús es condición esencial para el seguimiento, y nos dice: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él ese da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). La fe en Jesús es la base del seguimiento, la unión con él es el fundamento de la comunidad.
En torno a Jesús se forma una nueva comunidad. Es la nueva familia compuesta por aquellos que han nacido de nuevo, de lo alto, del agua y del Espíritu (Jn 3,3-7). Por tanto se trata de una comunidad que trasciende los lazos de la carne y de la sangre. Está construida sobre la Palabra, escuchada, creída y practicada (Mt 12, 49). Elementos esenciales en la génesis de esta comunidad son la escucha de la Palabra, la fe y la conversión al Reino. Esta es la génesis de la Iglesia.
El núcleo de las prácticas comunitarias es el amor. Amor+Gratuidad. El amor con que Dios nos ama es un don y es la fuente de todo amor auténtico. El amor fraterno es un don. Es más que un simple mandamiento: es la esencia de la comunidad. Esta consiste esencialmente en la praxis del amor gratuito o de la comunión. Sólo el amor da sentido y justifica los elementos organizativos e institucionales de la comunidad.
El apóstol San Juan dibuja los rasgos teológicos de la comunidad “ideal”. La comunidad trinitaria es fuente y modelo de la comunidad cristiana: “…para que sean uno como nosotros” (Jn 17,11). La comunión es la esencia de la comunidad. Y esta comunión tiene su proyección apostólica: “…que ellos también sean uno como nosotros para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17,21). San Mateo presenta una imagen muy realista de la comunidad. Jesús instruye a los discípulos para construir y reconstruir la comunidad. La primera es la igualdad y el servicio mutuo. La comunidad cristiana es un discipulado de iguales (Mt 18,1: 20,21). Jesús contesta señalando la igualdad y el servicio como estatuto fundamental de la nueva comunidad: “Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos” (Mt 18,3).
Jesús urge unas relaciones de humilde servicio para sus seguidores. El gesto del lavatorio de los pies ocupa en el evangelio de San Juan el lugar del relato de la institución de la eucaristía –el servicio humilde a los hermanos es como celebrar la eucaristía-. Es un buen modelo para la comunidad de los discípulos. Yo el maestro os he dado ejemplo, es el humilde servicio a los hermanos, hasta dar la vida por ellos cada día, es la primera práctica comunitaria.
San Mateo en su discurso eclesiástico señala otras prácticas comunitarias, como la corrección fraterna en privado, ante uno o dos testigos, o ante toda la comunidad (Mt 18,15-17). Y la oración en común, “porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo…” (Mt 18.17). Y la reconciliación y el perdón de los pecados…, “no te digo hasta setenta veces…, sino siempre…” (Mt 18,22). El perdón sin condiciones y sin límites de veces es la expresión más patente del don y de la gratuidad.
Los discípulos comparten también la misión y el destino de Jesús. La misión compartida es otro elemento de la nueva comunidad: “los instituyó para que estuvieran con él y para enviarles a predicar…” (Mc 3,14). Estos textos sugieren el carácter comunitario de la misión.
Tras la crucifixión, viene el fracaso, la dispersión…, pero es la misma comunidad la que es de nuevo convocada por el Resucitado (Lc 24,31-35). La experiencia pascual es la auténtica base de la comunidad cristiana, de la Iglesia. El Espíritu Santo es el agente principal de la comunidad. Pentecostés significa el comienzo de la Iglesia, la inauguración definitiva de los tiempos mesiánicos (Hch 2,1-36). La comunicación construye la comunidad. El Espíritu reparte libre y gratuitamente los carismas, vocaciones y ministerios (1Cor 12-14). El resultado es la Koinonia que es el núcleo de la comunidad cristiana (Hch 2,42-44; 4,32), se actualiza en las prácticas del Reino y se expresa en la Cena del Señor (1Cor 11, 17-34). Todos tenían “un solo corazón” y una sola alma” (Hch 4,32). Practicaban la comunicación de bienes, repartiéndolos según las necesidades (Hch 2,44-45; 5,1-11). Eran asiduos en la escucha de la Palabra, en las oraciones, en la comida fraterna y en la Cena del Señor (Hch 2, 42). Los apóstoles desempeñaban un papel destacado en la comunidad: predicación, enseñanzas, milagros, gobierno, arbitraje…
El objetivo de la comunidad cristiana es hacer presente el Reino de Dios, la implantación consiste en construir comunidad, crear comunidad de las personas con el Padre y entre sí. Dimensiones fundamentales: la filiación y la fraternidad, que nos introducen en la “gratuidad”.
Bitácoras