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Seguir a Jesús como los de Emaús… (I)


30 Julio 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

Si queremos entender la vida cristiana y la vida religiosa hay que ir a la experiencia pascual. Aquellos discípulos camino de Emaús, es una escena que nos llena de calor y candor. El calor del encuentro y la palabra confidencial, el gesto de la hospitalidad al caer la tarde, la fracción del pan en la mesa y el reconocimiento del peregrino… se ha relacionado con la catequesis, con la eucaristía, con la fraternidad, con la hospitalidad… pero hay otro aspecto que nos ayuda a comprender el desafío del seguimiento de Jesús y el drama de la noche oscura de los discípulos de entonces y de ahora.

La escena pone de manifiesto dos modelos de seguimiento: el seguimiento prepascual y el seguimiento pascual o pospascual. La escena de Emaús es una buena síntesis de los evangelios, incluso de todo el Nuevo Testamento.

La primera parte del relato es un fiel reflejo del resultado al que conduce el seguimiento prepascual, el seguimiento del Jesús histórico. Termina en un verdadero fracaso. Los rasgos de derrota de los discípulos son varios: están de retirada, regresan a sus antiguas ocupaciones, caminan cansinos y decepcionados, sus ojos están retenidos… los de Emaús experimentan el “caos”. El tono de decepción y desesperación queda bien reflejado en los acontecimientos: “Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó… Fueron algunos al sepulcro y lo hallaron como dijeron las mujeres: “vacío”, y a él no lo vieron” (Lc 24,21-24).

El seguimiento prepascual termina en la incredulidad, el escándalo, el abandono y la dispersión. No es suficiente para atravesar la noche oscura de la Cruz o el momento de la prueba. No es suficiente para enfrentar el caos. Desaparecido Jesús, que unificaba el grupo y sustentaba la comunidad, tiene lugar la “emigración”. Tiene lugar la dispersión, el abandono de la comunidad, la vuelta a hacer la vida por propia cuenta. La tristeza, el pesimismo y el desencanto rayan en la depresión. Más que un túnel o una noche oscura, esa situación es un muro infranqueable, sin nada al otro lado.

Utilizando la imagen evangélica, se puede avanzar la hipótesis de que muchos han intentado construir la casa sobre arena. Se trata de un seguimiento prepascual, inspirado por la buena voluntad y la generosidad, pero al que le falta el fundamento sólido de la fe radical. Por eso termina con la dispersión, en el abandono, el pesimismo, la desesperanza y el desencanto. Sólo la fe radical abre el camino al seguimiento pospascual.

En la segunda parte del relato se señala el inicio de un nuevo modelo de seguimiento de Jesús. Después que se les abren los ojos y reconocen al Resucitado, la escena cambia completamente de ritmo y de tono. Su ritmo ya no es cansino, sino veloz: se levantan de inmediato y corren y corren a Jerusalén. De la dispersión pasan a la convocación, y se reincorporan a la comunidad. Del tono triste y desesperanzado pasan a la alegría y el entusiasmo. “¡Es verdad!” –decían los once y los que les acompañaban- “¡el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón (Pedro)!”. Ellos, por su parte, contaron todo lo que les pasó por el camino y cómo le habían reconocido en la fracción del pan” (Lc 24,34-35).

Aquí comienza para ellos la verdadera historia cristiana, la historia del nuevo y definitivo seguimiento de Jesús. Es el seguimiento animado por la fe pascual. Los discípulos son los mismos –y mantienen las mismas debilidades humanas-, pero ahora están animados por la fuerza del Espíritu. Del miedo de la cruz han pasado a la alegría de sufrir por Cristo. De la dispersión han sido convocados de nuevo a la comunidad. De la huida han pasado al seguimiento fiel de Jesús hasta el martirio.

La experiencia pascual es el origen de la historia cristiana. El núcleo de esa experiencia es la fe en el Resucitado, confesada de muchas maneras y formas: Jesús es el Señor; está vivo; Dios lo ha resucitado; en él ha triunfado el plan de Dios; él es la oferta definitiva de salvación y liberación… Desde esta fe pascual  los discípulos reinterpretan la persona de Jesús, sus enseñanzas, su vida y, sobre todo, su pasión y muerte. Todo ha sucedido según el plan divino.

Esa experiencia pascual conduce a los discípulos a una conclusión trascendental: “Este es al que hay que seguir”, “él es el camino”. Con la fe y la experiencia pascual comienza una nueva etapa del seguimiento, o un modelo de seguimiento radicalmente nuevo.

Pero, ¿dónde nos encontraremos con el Resucitado? La fe pascual es un don. Pero, ¿qué haremos para que nos sea dado acceder a esa experiencia pascual? En los relatos de las apariciones responden a nuestras preguntas. Se presenta Jerusalén como lugar del sepulcro vacío y se habla de Galilea como el lugar de encuentro con el Resucitado.