La Navidad es la memoria y actualización del acontecimiento salvífico histórico de la Natividad del Señor -el centro de la Navidad-, de la manifestación de la salvación de Dios en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios e Hijo de María. Un Dios nacido en la carne –en Belén de Judá-. Nacido de la Virgen es Dios y hombre. Afirmamos las dos realidades juntas, sin merma de ninguna de ellas, sin deterioro, sin que deje de ser realmente Dios y realmente hombre.
Navidad es adentrarse en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. La fe descubre a la divinidad; a la Omnipotencia, débil; a la Eternidad, mortal; al Impasible, padeciendo; al Bendito, maldecido; al Santo, hecho pecado por nosotros; al Rico, empobrecido para enriquecernos; al Señor, tomando forma de siervo para liberarnos de la esclavitud. La Navidad, con toda su sencillez y ternura, con su misterio y su gracia, es mucho más que un tiempo ingenuo o explotado por el consumismo. Es el tiempo de Dios y el tiempo del hombre.
El clima creado por la liturgia de estos días pretende provocar la fe en la manifestación divina, la apertura a la gracia, la necesidad del amor y del seguimiento a Jesucristo. La liturgia de la Iglesia prolonga el tiempo de Navidad hasta la Epifanía, que se fija en el sentido y significado de este acontecimiento. Navidad es la eclosión de la luz y la luz es para alumbrar, para calentar, para guiar...
La liturgia de Navidad y Epifanía se subdivide, a su vez, en la semana dentro de la Navidad, la semana de la octava y las ferias de los días de Epifanía hasta la celebración de la festividad del Bautismo del Señor. Durante toda la octava de la Navidad se debe rezar o cantar él Gloria en la Eucaristía y el Te Deum en el oficio de lecturas de la Liturgia de las Horas. Igualmente, se recomienda cantar el Aleluya, previo a la proclamación del Evangelio, en la Misa, o, en la Liturgia de las Horas, donde se prescriba como Responsorio breve. La liturgia de Navidad y Epifanía, desde el Nacimiento hasta el Bautismo en el Jordán –hoy ensangrentado de una orilla a otra, entre hermanos-, va desgranando las primeras manifestaciones de la salvación de Dios en Jesús: a los pastores, a los magos, en el templo, a los discípulos en Caná de Galilea.
Desde las celebraciones vespertinas de la Navidad (tarde del 24 de diciembre) hasta la festividad del Bautismo del Señor (este año 2024, el domingo día 7 de enero) discurre el tiempo litúrgico de Navidad y Epifanía. Su color litúrgico es el blanco. La alegría, el gozo y la celebración de la Natividad y de la Manifestación de Jesucristo son sus características principales.
Dentro de la octava de la Navidad hay otras dos grandes fiestas: la Sagrada Familia (que en España celebramos el día de la familia católica) y Santa María Madre de Dios. En el día de la octava de la Navidad (1 de enero), toda la Iglesia Católica celebra la solemnidad de la Maternidad divina de la Virgen María. Desde 1968, por disposición de Pablo VI, es también el día de la Jornada Mundial de oración por la paz.
La Epifanía es una fiesta más conceptual, –que celebramos el 6 de enero, este año cae en sábado-. En España la denominamos: festividad de los Reyes de Magos. Solemnidad litúrgica en la que proclamamos la adoración de los magos de oriente; festividad que complementa al de Navidad. Celebra el mismo misterio de la Navidad, pero va más directamente a su significación salvadora. Palabras claves de este tiempo son: iluminación, manifestación, aparición, desvelamiento...
Fray Francisco M. González Ferrera, OFM.
Bitácoras
