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Batti Cinque


13 Febrero 2024

“Batti cinque”. Fueron las palabras de un fraile hace unos años cuando visitaba con un grupo de jóvenes el santuario franciscano de Greccio. No nos conocía de nada. Y nosotros recién acabábamos de visitar el convento y estábamos contemplando las increíbles vistas que hay desde allí arriba. Seguramente conversábamos, estaríamos diciendo alguna gracia, o quizás compartiendo algo profundo; la cuestión era que estábamos juntos, alegres y motivados por todo lo que íbamos descubriendo en esa peregrinación.

Y se acercó este fraile alzando la mano y diciendo en alto “¡Batti cinque!”. Al principio no sabíamos lo que decía, sólo veíamos a un fraile sonriendo con la mano abierta en alto por encima de nuestras cabezas. Y creo que fue el más avispado del grupo, Michel, el que se dio cuenta y empezó a chocar la mano con él. Y todos hicimos lo mismo. Fue un gesto sencillo, curioso y simpático que hizo que, entre desconocidos, aunque unidos por un mismo carisma, rompiéramos el hielo del desconocimiento y la distancia. Y, con alguna dificultad, ya que en aquel entonces nadie sabía italiano, empezamos a presentarnos y a decir de dónde veníamos y el porqué estábamos allí. El fraile parecía muy interesado en lo que le contábamos y nosotros también entusiasmados de poder compartir nuestras vivencias. “Coraggio, ragazzi. Avanti e buen camino. Che san Francesco vi continui a guidare”. Fueron las últimas palabras de este fraile antes de marcharse.

Y tengo que confesar que a veces este camino no ha sido fácil. Y supongo que igual sucede con los jóvenes a quienes acompañamos normalmente. Pero también tengo que admitir que he podido encontrar hermanos que me han ayudado a hacerlo, que han sabido acercarse, que han sabido tender su mano, y que a su estilo y modo han dicho algo semejante a ese “Batti cinque”.

En estos días he podido volver a Greccio y me he acordado de este episodio que sucedió hace unos años. Y he querido pedir en la gruta de Greccio, que siga siendo ese “Batti cinque” para los que me rodean, que todos mis hermanos al igual que yo sigamos siendo esa luz y testimonio que nuestro mundo necesita, y que san Francisco una y otra vez nos repite: “Comencemos, hermanos…”. Hoy al igual que ese fraile, quiero tender mi mano: ¡Batti cinque! ¡Choca esos cinco y sigamos caminando juntos!