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Loado seas Señor, por encontrarme con "Juan, un fraile"


30 noviembre 2022

Primer encuentro… con “Juan, un fraile”.

Aún recuerdo el día en el que le conocí, el día que conocí a Juan. Yo era novicio en Santo Espíritu del Monte en Gilet (ahora muy conocido por los vídeos de Fray Ángel Ramón).

Como cada sábado, estábamos haciendo la limpieza del Convento. Esa semana me tocaba limpiar el claustro, cerca de la puerta de entrada al convento y llamaron. Al abrir, vi a un hombre delgado, con gafas, con barba de días, con una mirada limpia, y una media sonrisa como tarjeta de visita… “Soy Juan, un fraile…” Le creí, y le hice pasar…

Lo vi caminar desde la portería hasta la puerta que da acceso a las celdas de los frailes, tuve el presentimiento de que aquel hombre tenía algo diferente, especial… no sé, pero tenía algo.

 Segundo encuentro… con un Obispo misionero.

Curiosamente la escena se repitió unos años más tarde, en el mismo Convento. Yo había ido a pasar unos días de retiro recordando los tiempos del noviciado. Y de nuevo me reencontré con aquel hombre. Pero ahora era distinto. El mismo Juan al que me quedé mirando la primera vez, ahora había sido elegido Obispo.

Sí, Obispo de un lugar de misión, del que no tenía ni idea… “¿Obispo de dónde?”... de Requena; sólo sabía que quedaba por Perú. Él, “Juan, un fraile”, mantenía la misma mirada, la misma forma de sonreír, el mismo estilo en el vestir y hasta la misma barba de días…

Aquella primera sensación de los inicios, cuando presentía que me encontraba ante alguien diferente no hizo más confirmarse. Pasó de ser una mera sensación, a convertirse en una certeza… No volvería a verle en mucho tiempo.

 Tercer encuentro… en la inquietud por la misión.

Algunos años más tarde, ya estaba yo con inquietudes vocacionales (la misión dentro de la vocación), ya había manifestado a quien correspondía mi deseo de conocer más de cerca el mundo de la misión, cuando Dios, que suele hacer las cosas muy bien, volvió a poner en mi camino a ese hombre, a ”Juan, un fraile”.  

En un primer momento, la relación sólo fue por medio de algunos emails, cuando ya sabía que iba a tener mi primera experiencia misionera… era 2019. 

Una vez en Perú, los emails se cambiaron por pequeñas conversaciones a través de unos celulares, que unos días funcionaban y otros no… y es que la selva siempre impone su ritmo.

Durante aquel mes de julio no tuvimos la oportunidad de encontrarnos personalmente, porque las distancias aquí, en la selva, se miden en tiempo y no en kilómetros. Pero, como digo, esas breves conversaciones, por medio de celulares, siempre estaban cargadas de ánimo, de cercanía, de acompañamiento en este mi primera experiencia misionera.  

 Cuarto encuentro… en discernimiento a la misión.

Volví a España, a otro convento y con mil cosas… pero siempre que sabía que él volvía a visitar su tierra valenciana, buscaba la ocasión para encontrarme con “Juan, un fraile”; para conversar con él de mis inquietudes, manifestarle mi deseo de seguir conociendo, más de cerca, el mundo de la misión.

Como no podía ser de otra forma, él se ofreció para acompañarme, para ayudarme a hacer el camino vocacional hacia la misión, a discernir si esto era cosa de Dios o cosa mía… camino que unos años más tarde se hizo concreto, cuando este verano, por fin, me mandaron aquí a la misión de Contamana.

 Quinto encuentro… en la misión.

El 12 de Noviembre, a las 8.30 de la mañana, fue la primera vez que me encontré personalmente con “Juan, un fraile” en tierras de misión. Nos dimos, por fin, el primer abrazo en Perú, en uno de los embarcaderos de esta ciudad de Contamana…

Lo vimos llegar en el deslizador que el Vicariato tiene para movernos por el río. De lejos parecía que el conductor del deslizador era él mismo. La misma forma de vestir sencilla de cuando lo conocí, la misma mirada limpia, la idéntica sonrisa… y la barba de días, ahora más blanca.

 Sexto encuentro… en el abrazo del adiós.

Al día siguiente, domingo, con momentos vividos muy intensos, como queriendo apurar el tiempo, “Juan, un fraile” volvía a tomar el mismo deslizador, y se marchaba…

Parecía como que hubiera prisa para que se marchara cuanto antes de este lugar, de estas gentes, de esta tierra, de esta misión…

Me dijo: “Gracias por venir acá…”. Le dije: “Gracias por traerme”. Estas fueron nuestras últimas frases en el abrazo de despedida.

La sensación que tuve al verle marchar, camino de Orellana, fue de “orfandad”. Me sentí huérfano en lo fraterno y en lo misionero… Sentí una extraña angustia que hacía que no pudiera dejar de mirar cómo aquel deslizador se iba haciendo más y más pequeño… “Juan, un fraile”, se marchaba por el río…

 Séptimo encuentro… en la nostalgia agradecida.

Ahora hermano, “Juan, un fraile”, que vuelves a España, podrás descansar después de todos estos años de misión, de estos meses de “locura” y podrás disfrutar de los tuyos, en tu tierra… pero seguirás siendo “Juan, un fraile”, el misionero obispo o el obispo misionero…  

Poco a poco, esa tristeza que transmitían tus ojos al despedirnos irá dejando paso al inmenso cariño con que te has entregado sin reservas por estas buenas gentes, por trabajar con gratuidad de corazón por esta misión en esta tierra hermosa. Cariño y Evangelio que has dejado sembrado aquí y que la gente, la misión, la tierra… y Dios te han devuelto con creces.

Estoy convencido de que mucha gente notará tu ausencia. Muchos ya te echamos de menos por tus palabras de aliento, tu mirada, tu sonrisa, tu cercanía, tu buen hacer… tu ser siempre y para todos “Juan, un fraile”.

 Próximo encuentro…

Han sido muchos años de entrega callada, de mucho hacer sin hacer ruido, siempre mirando por lo mejor para estas gentes, sin esperar un gracias… pero siempre con el corazón agradecido.

Has sido un sembrador de Evangelio, al más puro estilo franciscano. El estilo de Francisco de Asís “Y los que quieran ir a tierras de misión…” y el estilo del Papa Francisco “Vayan a las periferias, como Iglesia en salida…”

El estilo de “Juan, un fraile” … hermano de todos, para todos hermano. Tu estilo ha sido el de Jesús: “Id y predicad”.

Hoy sólo le pido a Dios, que nos conceda el regalo de encontrarnos de nuevo, aquí o allá, porque aún me quedan muchas cosas de la vida y de la fe, de la vocación y de la misión que aprender de ti, “Juan, un fraile”.

Loado seas, mi Señor, por tanta gente buena,

y en especial, loado, por el hermano Juan.

Que es hombre bueno, sencillamente cristiano,

 franciscano auténtico y un obispo único.

Loado seas, mi Señor, por “Juan, un fraile”

un fraile evangélicamente misionero.

Fray Francisco Miguel Antequera, ofm