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Palabras primaverales, en clave de RE, como personas resucitadas


22 May 2024

En primavera, palabras dormidas y oxidadas del invierno se despiertan en nosotros(as); por eso queremos renacer y contagiar savia nueva con palabras que, como personas resucitadas y resucitadoras, nos alegran el corazón: resucitar y renacer —en suma—, revivir, revivificar, rebrotar, reflorecer, reaprender, reinventarse, renovar, rehabilitar, reconvertir, rememorar, recuperar, remontar, reencontrar, resembrar, reanudar, reafirmar, reconfortar, reestructurar, reconducir, reeditar, recomenzar, reavivar… De esto se trata, de reavivar la esperanza.

Reavivar la esperanza para no caer en la amargura, que corroe a la persona toda, en estos tiempos difíciles; pero, sobre todo, cargados de posibilidades, si nos dejamos seducir y animar por la ALEGRÍA DEL EVANGELIO para generar vida. No estamos en tiempos para detenerse, tenemos todo un horizonte abierto para tomar decisiones audaces, dejando la desilusión y la tristeza sin esperanza, lo que el papa Francisco llama «tristeza dulzona», para abrirnos a una pasión adulta, para vivir la fe en tiempos de incertidumbre. Ya sabemos que la fe solo se sostiene desde una oración confiada, que nos recupere el gusto de salir renovados(as), para contagiar la alegría del Evangelio:

«Rema mar adentro» y no tengáis miedo (Lc 5,1-11).

En la Iglesia caminamos juntos en sinodalidad, creando y fortaleciendo las dimensiones humanas para que todos, sin distinción, nos sintamos invitados y acogidos a participar como compañeros de camino que quieren ponerse al servicio del Reino de Dios, al lado de nuestro mundo y de nuestra gente: los de cerca y los de lejos, porque a todos hemos de atraer con amor hecho ternura y misericordia.

Nuestra misión no es hacer proselitismo, sino resucitar todo tipo de muertes que nos llevan a perder la esperanza y a no vivir en clave de RE. Lo nuestro es anunciar y no acusar a nadie, sino llevar al amor allí donde las relaciones están heridas. Aquí caben —recordando un dicho— «justos y pecadores»; es decir, que caben todos, en general, porque los seres humanos tenemos posibilidad de comenzar de nuevo como los brotes primaverales, que no hay quien los pare: ¿quién puede parar la primavera o poner puertas al mar?

Al igual que Francisco y Clara de Asís se enamoraron del Evangelio, así también nos invitamos mutuamente a dejarnos llevar e impulsar por la alegría del Evangelio, para renacer como resucitados(as) y reavivar nuestra esperanza en primavera, contagiando nueva energía y fresca vitalidad.

Seve Calderón Martínez, ofm