Es la Navidad un tiempo privilegiado de la liturgia para abrir las puertas a la llamada de Dios:
- Lo podemos hacer llamando a la puerta, de afuera a dentro, porque alguien nos espera para que lo acojamos.
- O llamando desde dentro, para salir fuera y llevarlo al lugar donde −como hermano necesitado− podemos encontrarle: entre los márgenes y las periferias, entre el calor de la cuadra-pesebre y la misión permanente de hacer limpieza para poder entrar, dejando el espacio más humano y fraterno.
Acercándonos al Niño, su fragilidad nos hace más fraternos y solidarios: en el pesebre está acogido por María y José, por los pastores…, entre las pajas y el calor de los animales…. Se viste de lo pequeño, pobre y escondido en lo débil, para romper nuestras lógicas de «poderío» visible y brillante… Se trata de llamar para entrar y llamar para salir al encuentro del que nos sigue esperando en la intemperie de las fragilidades humanas.
I De Nazaret a Belén, en el espejo de la pobreza
No nos cabe duda de que Nazaret ha sido el tiempo largo de preparación para el nacimiento (Adviento); pero también es el lugar del silencio, del sacrificio, del tiempo de espera en el crecimiento, de la vida íntima con el Padre creador; es el tiempo de largas soledades, de ejercitarse en el ocultamiento y del pasar desapercibido.
Estamos invitados a que «VIVAMOS LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO»; no para ser aplaudidos, sino para inspirar buenas noticias y no para impresionar. Somos invitados, en nuestro itinerario cristiano, a proclamar el Evangelio; más que con las palabras, con el fraterno y diario acercamiento a los pobres, purificándonos del activismo que nos priva del genuino fundamento evangélico. Se trata de ser sencillos, pero significativos; enamorándonos de un coloquio silencioso y continuado con Dios que se hace pesebre, pequeño, pobreza (las tres p) desde donde nos viene la salvación de los pobres de este mundo, generando paz a toda persona de buena voluntad. ¡Somos rostros de la LUZ! Espejo para el rostro de los otros. Somos templos del Espíritu. Nos toca, como desafío, ser rostros de la bondad de Dios y sacarlo al exterior siendo espejos ante los demás. Santa Clara nos dice: «Fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria, fija tu corazón en la figura de la divina sustancia, y transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad» (cf. Carta 3,12-13).
Gracias porque Belén puede ser cualquier rincón
donde uno ama y se deja amar,
y la Navidad puede ser cualquier día del año:
siempre y cuando uno te acoja y te dé a conocer.
II Navidad de San Francisco, en Greccio, 1223
Estamos celebrando los 800 años del Centenario de la Navidad de San Francisco en Greccio (1223-2023) recordando al fundador de los belenes, representado por el santo en la escena del Misterio de la Navidad: «deseo alegrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre el heno entre el buey y el asno» (cf. 1 Cel. 84).
La Navidad en Greccio suena a cuna, cruz y altar: «con preferencia a las demás solemnidades, [Francisco de Asís] celebraba con inefable alegría la del nacimiento de Jesús. La llamaba fiesta de las fiestas» (cf. 2 Cel 199).
La espiritualidad franciscana hemos recogido la antorcha de este carisma (gracia de Dios) uniendo:
- La cuna del pesebre al Misterio de la Encarnación (humanización) haciendo guiños a la ternura y caricia de Dios, para que vivamos en «fraternura» humana.
- La cruz que trae el consuelo al que sufre y luz de Amor a quien oprime al hermano, abriendo horizontes de liberación.
- El altar como actualización del Misterio Eucarístico que une la Navidad con los misterios de la Navidad; tocando y sintiendo al Hijo de Dios en su humanización, provocando anticipadamente los acontecimientos pascuales.
Nos toca ahora a nosotros hacer un pequeño Greccio en nuestra casa y comunidad para celebrar los misterios gozosos del Encuentro de Amor con la simplicidad de un Niño, no solo humano, sino que además es un niño en absoluta dependencia, un bebé frágil y vulnerable. Por eso ninguna Navidad sin S. Francisco y Sta. Clara, que se hicieron menores para acercarnos el Misterio de la humanización del Emmanuel en nuestros portales de minoridad y pobreza.
III Gocemos del encuentro tejiendo relaciones de familia, abrazando lo diverso
- Navidad nos trae el anuncio que hace el Padre a una humanidad necesitada de abrazo y ternura y que hemos de repartir a los demás. Si la ternura es el lenguaje del alma, esta es la misión a la que somos enviados.
- Navidad es riesgo para emprender nuevos caminos que invitan a lanzar la semilla en la tierra labrada en el Adviento, porque creemos que en la bellota está el denso roble que nos dará lozana sombra.
- Navidad es escuchar la llamada del que nos invita a las bodas preparadas por el Padre, para que hagamos el banquete de los recogidos en los márgenes de la historia, creadores de la luz resplandeciente que nos enseñaran la alegría y la esperanza, desde el reverso de la historia.
- Navidad para levantar la mirada. Todos vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tiene el mismo horizonte. Caminamos juntos, a pie descalzo, para recrear una nueva visión de los cielos nuevos y la tierra nueva, que iniciamos a luz de los que estamos conectados con el faro que ilumina la noche.
- Navidad de mil fragilidades que nos acechan y se nos cuelan, donde el Padre abre la brecha de un amor herido en un Niño que viene a curar nuestras heridas y al que los pastores le ofrecen manteca y miel para dulcificar las dificultades.
- Navidad nos trae también la música, el baile, la danza, el teatro…; la fiesta por donde corre la alegría, el vino nuevo, el mantecado y las castañuelas…, que hace levantar a los cansados y sonreír a los tristes, abrazar en silencio y agradecer.
- Navidad que airea nuestros ambientes cerrados para que todo se airee y entre la luz por las rendijas de nuestra vida, para que surja el deseo y las nuevas ganas de vivir de modo distinto al habitual.
- Navidad de los regalos porque un Niño se nos ha dado, una nueva humanidad nos trae sabores de familia, de hogar, de cálido encuentro, de pan y vino que se comparte y que todo el ambiente genere vida, justicia, paz, y todo en contacto con la obra creadora del Buen Hacedor.
- Navidad de la esperanza realizada y sostenida que da sentido a las búsquedas y alimento común a muchas soledades manifiestas u ocultas.
- Navidad es disfrutar y gozar del «Emmanuel, que traducido significa ‘Dios con nosotros’» (cf. Mt 1,23), Amigo de la vida y generador de confianza y familia fraterna, contagiando búsquedas sinodales de fraterna solidaridad.
Si Jesús quiso acariciarnos con sus manos, y hablarnos con su Palabra,
amarnos con un corazón de carne, hacerse uno de nosotros, para abrazarnos en Él…,
nos toca a nosotros anunciar la Buena Noticia a todo el pueblo.
Ensancha, Señor Jesús, el espacio de nuestra tienda, de nuestro corazón,
para poder acoger a todos los que vienen contigo:
los pobres, los excluidos, los marginados, los otros (cf. Mt 24,31y ss.).
¡FELIZ NAVIDAD TEJIENDO RELACIONES,
SANANDO CONFLICTOS Y ABRAZANDO LO DIVERSO Y PLURAL,
EN UNA IGLESIA SINODAL Y FRANCISCANA!
NAVIDAD 2023
VIII CENTENARIO DE LA REGLA Y DEL BELÉN DE SAN FRANCISCO
Fray Severino Calderón Martínez, ofm
Bitácoras