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La regla y vida de los Hermanos Menores es vivir el Santo Evangelio


23 octubre 2023

Las reglas de Francisco de Asís son un diálogo entre el Señor que revela y el Poverello, que escribe y vive lo que el Señor le revela. 

Al Evangelio se responde en el seguimiento a Jesucristo «pobre y crucificado» (cf. 2 Cel 105), poniendo el corazón y la vida a punto de fe, esperanza y caridad. El hombre entero se moviliza a realizar una entrega más radical y comprometida como forma de creer, esperar y amar con radicalidad evangélica. 

Respondemos al Evangelio por Cristo al Padre; Jesús se hace por nosotros camino, verdad y vida: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (cf. Jn 14,6); por eso la vida del Evangelio es seguimiento en el Espíritu que nos inspira. Y lo hacemos en la Iglesia a través del servicio de los sacerdotes, que nos administran la palabra de la vida, así como el Cuerpo y la Sangre, que nos fortalecen y nos alimentan. 

Todo esto supone un proceso de conversión-compresión; que nadie puede realizar por otro si no es a través de la respuesta personal, que damos a la pregunta existencial: «Señor, ¿qué quieres que haga?» (cf. TC 6; LM 1). Nadie nos puede suplir en la fe, porque nadie puede responder al seguimiento de «Cristo pobre y crucificado» sino viviendo de la fe, la esperanza y el amor. 

Vivir el Evangelio es mantener un diálogo permanente de amor en el proceso de fe, conversión, don gratuito del Espíritu, al que nos abrimos desde la pobreza y la minoridad, desde los pobres y los humildes. La fraternidad crecerá también en el santo Evangelio cuando se sienta reunida por la «vida del Evangelio de Jesucristo». 

La vida del Evangelio es una experiencia en la Iglesia

con el fin de discernir los signos de los tiempos.

Cuando una persona se olvida de vivir para sí misma y

empieza a vivir para las demás (a cuidar de las otras también);

y lo mismo ocurre con la comunidad que, desde el silencio,

se abre a la comunicación del Espíritu, se abre a la fraternidad;

resurge la nueva imagen de Dios: abierta, verdadera, libre y solidaria;

y se convierte en Evangelio viviente. 

Fray Severino Calderón Martínez, ofm