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La fraternidad: Núcleo de la espiritualidad franciscana


28 octubre 2022

La fraternidad es un aspecto fundamental de la identidad y del carisma franciscano. Para Francisco de Asís cada hermano es un «don de Dios», al que hemos de cuidar y potenciar en su singularidad. Ve incluso a las criaturas, que conducen al hombre hacia su Creador, como una manifestación del amor de Dios. La palabra frater nos relaciona con los hermanos desde la igualdad y, en la igualdad y en el servicio, nos lleva a vivir juntos una vida fraterna, como un anhelo y un desafío permanente.

Una de las manifestaciones de la vida fraterna es la alegría, por eso hoy se nos invita a la alegría y al regocijo, como recoge el papa Francisco en sus exhortaciones y encíclicas: La alegría del Evangelio, La alegría del amor, La alegría de la verdadAlegraos y regocijaos es el camino de la santidad.

San Francisco quería que entre nosotros reinara la igualdad y que los hermanos se sirvieran unos a otros, ya que todos somos «hermanos menores», porque: «cuanto es el hombre ante Dios, tanto es y no más» (esta es la razón que da [cf. Adm 19,2]). Cada persona, en su singularidad, ama a Dios; y, por eso, no caemos en el igualitarismo ni uniformidad. Cada hermano potencia al otro en su singularidad, dada la realidad poliédrica en la que vivimos.

También los hermanos debemos siempre amarnos recíprocamente, porque: la fraternidad se construye a través del diálogo, de la participación de todos y del encuentro personal, donde todos nos consideramos menores y necesitados unos de otros. Lógicamente, para poder amar, todos necesitamos haber tenido la experiencia de ser amados y es preciso no encerrarnos en nuestra autosuficiencia.

Si cada hermano es un regalo hemos de aceptarlo y quererlo no por lo que hace, sino porque es hermano —un don de Dios— al que, mutuamente, hemos de amar y no murmurar de él, sino entregarnos con las obras por el amor que nos tenemos. Nos dice san Francisco:

«confiadamente manifieste el uno al otro su necesidad» (cf. Rnb 9,10).

Si renunciamos a lo material, el sustento será el hermano y, si fuere necesario, invitaremos a la corrección fraterna para crecer en misericordia.

Fray Severino Calderón Martínez