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Hojas Guadalupenses en la Pascua del Señor


20 Abril 2025

Nuestra Pascua inmolada, aleluya,
es Cristo el Señor, aleluya, aleluya.

Corriendo, a pie descalzo, las mujeres, despiertan a su paso la mañana. Aprisa Magdalena abre la puerta con un portazo seco, despertando a Pedro y a todos: “No está, se lo han llevado… ¡Vive, ha resucitado!”

Pascua sagrada, ¡oh fiesta universal!,
el mundo renovado
canta un himno a su Señor.

Juan y Pedro corren hacia el huerto, sin encontrar el cuerpo. Entran una y otra vez en el sepulcro nuevo, asegurándose que no viven un sueño, un invento, una quimera… pero no está. Se tientan las ropas, se restriegan los ojos, se miran y no dan crédito: No está.

Pascua sagrada, ¡victoria de la cruz!
La muerte, derrotada,
ha perdido su aguijón.

El Maestro, su cuerpo, su memoria… La piedra removida, los guardias dormidos, los lirios crecidos, la mañana amanecida… ¿Y la fe? Esa llama mortecina durante estos tres días, menguada por dudas tras el fracaso de la cruz, ahora se crece sobre sí misma, como una lengua de fuego que les enseña a leer hacia atrás lo vivido con el Maestro que creían muerto para siempre.

Pascua sagrada, ¡oh noche bautismal!
Del seno de las aguas
renacemos al Señor.

Él estuvo tres días, vaciando el infierno a fuerza de perdonar, pagando deudas a precio de su sangre, sajando culpas a base de amor samaritano. Nos lo había dicho, pero, eran palabras gruesas, nuevas, llenas de una verdad que se nos escapaba.

Pascua sagrada, ¡eterna novedad!
Dejad al hombre viejo,
revestíos del Señor.

Sólo supimos seguirle, andar tras sus palabras para no perder ninguna, porque eran espíritu y vida. Ser testigos de sus milagros para entender la mecánica de la compasión divina, porque es eterna su misericordia. Aprender a orar a Dios con el idioma de los hijos, la gramática del perdón y el vocabulario de la proximidad. ¿Y ahora? Ahora no está.

Pascua sagrada. La sala del festín
se llena de invitados
que celebran al Señor.

Más que entender, nos pusimos a celebrar, a hablar en lenguas nuevas. Más que explicar nos dedicamos a narrar. Más que a probar nos atrevimos a creer, a bautizar en su nombre, a curar enfermos… Dejamos de tener miedo, sabíamos que Él vive, está presente, está salvando.

Pascua sagrada, ¡Cantemos al Señor!
Vivamos la alegría
dada a luz en el dolor.

María, su Madre, que todo lo guardaba en corazón, estaba con nosotros. Decía poco y amaba mucho. Esperaba tanto, tanto cuanto oraba. Creía aprendiendo del Hijo al que dio vida a vivir la nueva vida de los redimidos por su Pascua. María, Madre del Resucitado se hizo Madre de todos y a todos nos contagia esa serena y alegre certeza de que el Hijo de Dios vive y vive para interceder por nosotros.

Magdalena, solo sabía repetir una frase a los que la preguntaban: “¿Qué has visto de camino, María en la mañana?,.. Resucitó de veras mi amor y mi esperanza… ¡Venid a Galilea, allí el Señor aguarda!”

Vayamos a Galilea, el Señor nos espera para anunciarle Resucitado, en todas las tierras, en cada corazón: “Porque verdaderamente ha resucitado, ¡Aleluya! Tal como lo había dicho. Aleluya!”

Fray Vidal Rodríguez López ofm