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Jesús, resurrección en ascuas. Domingo de Pascua


08 Abril 2023

María Magdalena no se alzó temprano, estaba en ascuas. Sencillamente no había dormido. Salió corriendo al huerto. Todos sabíamos adónde iba y la dejamos ir… Volvió pronto gritando: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.  La siguieron Pedro y Juan y al final nos fuimos todos… porque todos estábamos en ascuas. (Jn 20, 1-9)

De camino, las viñas empezaban a florecer en los bancales, las tórtolas hablaban de amores en los almendros y las lirios de agua despertaban como trompetas entre las peñas del camino… La piedra estaba removida… La tumba abierta… El sepulcro vacío…

María al llegar se paró,  Juan se quedó en el umbral, Pedro entró… Vieron y creyeron: “que él había de resucitar de entre los muertos”.

En el vértigo de una semana que inició con hosanna de niños de domingo, siguió con una cena de pan de amor blando y blanco, de jueves de pies lavados, de viernes de un perdón descosido de clavos y de un sábado de amor callado de soledades… ahora empezamos a creer que Jesús vivía, había resucitado, tal y como lo había prometido: Surrexit Dominus vere, Aleluya”.

Los lirios de agua tocaban a gloria, las tórtolas almendraban esperanzas, la viñas florecían de vida y la vida tomaba otro rumbo, sentido y razón. Si Jesús vive, su buena noticia es horizonte seguro para la esperanza. Si Jesús vive, sus bienaventuranzas dan sentido a la vida nueva del Reino. Si Jesús vive, creer es razón razonable porque Dios se hace amor amable para ser amado.

Si Jesús ahora es el Señor vivo y viviente, vivir no es la inercia del azar, ni el mero curso de la naturaleza, ni el vano intento de la voluntad de poder, sino la praxis de la proximidad samaritana de Reino.

Si Jesús ahora es Señor de ternura compasiva, la piedad no es la anhelante búsqueda a ciegas de la trascendencia, sino el familiar encuentro con el Hijo de Dios que arrodillado enjuga los pies de todos los descalzados.

Si Jesús ahora es Señor de misericordia cordial, el corazón puede latir sin miedo a la finitud, porque la finitud ha sido extinta por su amor crucificado.

Los lirios de agua, las tórtolas, las viñas… Pedro, Juan y Magdalena anuncian a María lo que ella ya sabía, que su Hijo vivía por Dios,  es un Dios de vivos, un Padre que da vida y vida nueva.  

Reina del cielo alégrate; aleluya. 
Porque el Señor a quien has merecido llevar; aleluya. 
Ha resucitado según su palabra; aleluya. 
Ruega al Señor por nosotros; aleluya. 
Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor; aleluya.

Fray Vidal Rodríguez López ofm