El hermano lápiz hoy quiere escribir en el hermano papel y las hermanas hojas se han dejado pintar de letras y palabras y frases y dibujar un sencillo cuento de Navidad.
Los cuentos son para los niños y para los mayores, para el verano y para el invierno, para decirse y para escucharse, para evocar y para convocar. Un cuento nunca se lee o se cuenta a solas, pues siempre hay un duende escondido entre las hojas, siempre hay un misterio dormido en las palabras, siempre hay una música muda en el pasar las hojas…
Un cuento de Navidad… Sí un cuento y no porque les trate como niños; sino porque la Navidad celebra la ‘NATIVIDAD’, es decir, el nacimiento de un niño, niño que es Dios. Y esto no es un cuento, es historia cierta; pero el estilo del cuento nos ayuda mejor a entender el misterio de la Navidad, porque al final, en la Navidad, todos, nos volvemos un poco o un mucho más niños…
Bien, pues les propongo estas ‘Hojas romanas para un cuento de Navidad’.
Escena primera: San Francisco: ‘Vayamos a Greccio’
Érase una vez que se era, hace sólo VIII siglos, en 1223, en Italia, en un pueblo que se llamaba y llama Greccio, a medio camino entre Roma y Asís, llegó San Francisco con algunos compañeros.
Conviene recordar que el Padre San Francisco de Asís, había empezado una forma de vida religiosa nueva en la Iglesia, queriendo vivir por entero y a lo grande el Evangelio, y por eso escogió la pobreza y la simplicidad para seguir a Cristo.
Pues bien, este fraile, San Francisco, iba por los caminos predicando la paz con sus compañeros, y a veces se le ocurrían cosas extraordinarias, un tanto extravagantes, como la que hoy queremos contar y recordar.
Iban caminando a pie por el Valle de Rieti y vieron el pueblo, en lo alto de una montaña, y allí se le ocurrió a San Francisco subir. Llegaron y predicaron en la plaza. Pero llegando al pueblo, San Francisco vio que detrás de este pueblo se levantaba toda una sierra como colgada del cielo y se le antojó ir a pasar allá la noche.
Y es que a San Francisco le gustaban los sitios solitarios y elevados, solitarios para poder rezar tranquilo, elevados para poder contemplar la maravillas de la creación, porque así le parecía estar más cerca del Altísimo y Sumo Dios.
Bien, pues era diciembre, hacía frío, poco daban para comer las limosnas, empezaban las nieves… Los frailes querían seguir el camino hacia Asís, porque faltaban sólo dos semanas para las fiestas de la Navidad; pero San Francisco insistió en quedarse. Ninguno sabía por qué, pero Fray León, que le conocía bien, se olía que estaba tramando algo…. Y así fue.
Escena segunda: San Francisco: ‘Quiero ver y tocar la Navidad’
Había un hombre del pueblo que le gustaba ir a hablar con San Francisco y contarle sus cosas. De tanto hablar con él, San Francisco le tomo confianza a Juan y le dijo:
“Juan, amigo mío, si quieres que me quede en este lugar, y que celebremos juntos esta fiesta de la Natividad del Señor, te pido que me concedas un deseo que tengo desde hace mucho tiempo.
Te explico: Quiero hacer memoria del niño que nació en Belén. Quiero contemplar con mis ojos lo que sufrió en su desamparo de niño.
Quiero ver cómo fue reclinado en el pesebre, cómo le acostaron sobre el heno entre el asno y el buey…
Así que te pido que prepares todo lo que es necesario para que pueda ver, sentir y tocar… cómo fue el nacimiento de Niño-Dios.”
Y ustedes dirán: pues vaya cosa… pues sí, para nosotros es sencillo, porque es algo que hemos visto hacer siempre, representar la Navidad, en un Belén, en un Nacimiento…
Pero esta fue la primera vez, en 1232, que se hizo una representación, lo que llamamos un ‘Belén viviente’ en toda la historia del mundo. Habían pasado XII siglos desde el nacimiento de Jesús y a nadie se le había ocurrido…
San Francisco tenía un deseo: ‘quiero ver y tocar lo que sintió en Hijo de Dios’. Y lo hizo inaugurando una forma que luego se ha extendido hasta nuestro días en los Nacimientos, Belenes… que son una forma de ‘ver y tocar’ el misterio de la Navidad.
Escena tercera: Todos quieren ‘ver y tocar’ la navidad
Y claro, se armó el Belén… En cuanto el bueno de Juan bajó y contó en el pueblo lo que quería hacer San Francisco en aquella Nochebuena, todos se pusieron en movimiento. Se corrió la voz y cada uno colaboró con lo que buenamente podía…
Unos prepararon cirios y antorchas para iluminar aquella noche en que nace la estrella que ilumina la Historia. Otros trajeron la paja de heno para que aquella gruta, donde vivían los frailes, pareciera un establo. Otro trajo un buey, aquel un borrico.
Unas mujeres hicieron pan y roscas para comer algo después … y alguien procuró vino y aguardiente para el frío… Unas abuelas trajeron unas sábanas limpias, para que el niño, aunque pobre, fuera acogido con un mínimo de dignidad….
Todos estaban impacientes y deseosos qué iba a hacer San Francisco. Y llegó aquel día, y llegó aquella noche… Subió todo el pueblo de Greccio hacia la sierra y muchas gentes de los pueblos en derredor, curiosos de lo que San Francisco estaba tramando.
Allí cada vez hay más gente: niños y viejos, hombres y mujeres, campesinos y comerciantes, pobres y ricos, paisanos y forasteros, el cura del pueblo, y los frailes… todos con los ojos muy abiertos: porque querían ‘ver y tocar el misterio de la Natividad’
Escena cuarta: ‘Todos en la Misa del gallo ven y tocan el misterio de la Navidad’
Cuando llega San Francisco y ve todo lo que han preparado, se emociona de alegría… Porque lo han cuidado todo con sencillez pero con respeto, todo tan pobre y tan digno a la vez, tantas luces en mitad de tanta oscuridad… que San Francisco dice que le parece estar más que en la gruta de Greccio, en la misma gruta de Belén, donde María parió al Salvador, ante el asombro de José, ‘porque no tenían sitio en la posada’ (Lc 2,7).
Pero lo que hace San Francisco no es un teatro… es mucho más. Ha dispuesto que esa noche, en esa cueva, en un altar sencillo se celebre la Eucaristía, la Santa Misa de la Navidad... Porque en el sacramento de la Eucaristía, el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo, y en Belén se dio el prodigio de que el Hijo de Dios se hiciera carne en la carne de María. ¿Veis qué bonito, unir la Misa con el Belén?
Y claro, no fue una Misa normal, no estaban en la Iglesia del pueblo, estaban en una cueva convertida en establo; rodeados de animales, con frío…, y estaban emocionados… Y empezó la Misa, y empezaron los cantos…, y como eran tantos parecía que hasta los árboles de la sierra también cantaban, y como habían tanta gente, las estrellas, eran como los niños y se ponían en primera fila, y bajo el altar, sobre la paja, una madre dejó a su hijo, nacido hacía unos pocos días, dormido; como si fuera el Niño Jesús de verdad…. ¡Todo es muy hermoso!
San Francisco está muy emocionado, y como era diácono, pues le tocaba proclamar el Evangelio. Cuando lo proclama se conmueve tanto que saborea las palabras, que no quiere que aquello se acabe, y las dice despacito y las repite a posta, pues quiere prolongar lo bien que se está allí…
Luego cuando predica, no sube al pulpito, porque no hay; está en medio de la gente, y no lo hace con palabras complicadas sino que les hace ver el significado de todo aquello:
La bondad de Dios, la vocación de María, la fe de José, el desamparo de un Dios que se empobrece naciendo como nosotros, el concurso de los animales en aquel nacimiento, cuando la gente les ha dado la espalda; los ángeles que cantan cuando Dios llora en el recién nacido, la alegría de unos pastores que se enteran de aquello, la búsqueda de unos Magos que van en pos de algo nuevo…
Les hace ‘ver y tocar’ el milagro del sacramento de la Misa, ahora que pueden ‘ver y tocar’ el milagro de aquella Nochebuena… San Francisco predica de tal manera que a la gente les parece que no están talmente en Greccio sino en Belén… todos sienten mucha felicidad y emoción y dan gracias por participar de aquello, de poder ‘ver y tocar’ lo que ocurrió en Belén de Judá cuando nació el Hijo de Dios.
Escena quinta: nosotros ¿queremos ‘ver y tocar’ la Navidad?
Pues así, en aquella Misa del Gallo, en aquel primer ‘Belén viviente’ se empezó la costumbre de los Nacimientos, de poner Belenes en las casas, en las Iglesias, en las plazas… La Orden Franciscana lo puso de moda en Italia y aquí a España y de aquí los misioneros los llevaron a América y Filipinas…
San Francisco quería ‘ver y tocar’, los paisanos de Greccio lograron ‘ver y tocar’ el misterio de la Navidad… y nosotros ¿queremos ‘ver y tocar’?
Estamos cerca de la Navidad, recorriendo el adviento, pero no llegamos a otra Navidad. La Navidad es siempre única, original, distinta… jamás es una repetición, por eso también nosotros tenemos que reavivar el deseo de ‘ver y tocar’ el misterio de la Navidad, el misterio del Hijo de Dios que nace en Belén de María Inmaculada en la Nochebuena. ¿Cómo ‘ver y tocar’?
Volviendo a poner el Belén con ilusión, como cuando éramos niños, acogiendo con cariño a los que vuelven, rezando con esperanza por los que faltan, despidiendo con gozo a los que se ponen de viaje hacia otros lugares, preocupándose de compartir algo con quien tiene necesidad, llamando a un amigo del que no sabemos hace tiempo, pidiendo perdón a quien hemos herido, ofreciendo perdón a quien nos lo pide, participando en la liturgia de estos días y escuchar con el corazón la Palabra de Dios, celebrando la Misa que es siempre el milagro del Dios hecho hombre que se nos da para ‘ver y tocar’ su carne y su sangre, en el pan y en el vino…
San Francisco con aquella Navidad que les he contado en Greccio, hace VIII siglos nos enseña a ‘ver y tocar’ el misterio de la Navidad:
Sigamos el camino interior de San Francisco hacia el misterio de la Navidad:
“El camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos abajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido.”
Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en este tiempo ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en las guerras, en el dolor, en la soledad, en la condición de emigrantes, en la enfermedad (sea el coronavirus o la que sea); para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo.
Este es, hermanos y hermanas, el cuento que quiso escribir el hermano lápiz en el hermano papel narrando la Navidad del Padre San Francisco de Asís en 1223 en Greccio… Y así, colorín colorado, este cuento se ha acabado…
Y acabar en estilo franciscano es desear que deseando que el Señor les dé la paz, porque la Navidad es camino, la Navidad, es casa, porque la Navidad es el ‘cuento’ de la paz y el bien que Dios ha querido decirnos y traernos a la tierra naciendo en Belén de Judá. No tengamos miedo, animémonos a ‘ver y tocar’ el misterio de la Navidad.
Que la Virgen María, mujer hecha Iglesia, nos ayude a celebrar cristianamente la Navidad. Amén.
Convento de Santi Quaranta
Roma, 16 diciembre 2021
Fray Vidal Rodríguez López ofm.
Bitácoras