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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Una vida “habitada por Dios”


19 May 2025

Lectura del santo Evangelio según san Juan (14, 21-26)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». 
Le dijo Judas, no el Iscariote: 
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». 
Respondió Jesús y le dijo: 
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. 
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho». 
Palabra del Señor.

Jesús se sirve de la pregunta del Apóstol para plantear de nuevo el tema de la presencia de Dios en la vida del creyente. Sólo quien ama está en condiciones de observar la Palabra de Jesús y acoger su manifestación espiritual e interior. Y quien observa esta Palabra será amado por Él y por el Padre. Más aún, quien muestre amor a Jesús recibirá en su propia intimidad la presencia del mismo: Jesús habitará en su corazón junto con el Padre  y el Espuritu. Sin embargo, quien no ama y practica los mandamientos, no puede formar parte de esta vida de Dios.
Una vida “habitada por Dios” es muy distinta a una vida abandonada a sí misma, condenada a agitarse en los limitares de las criaturas.
Si mi vida ha sido visitada por Dios, eso significa que él habita en mi interior más profundo. Él es el dulce huésped de mi alma: “Vendremos a él y viviremos en él “, ¿Cómo es posible vivir una vida trivial, teniendo como huésped, a Dios? ¿Cómo es posible no asomarse por esta verdad, par esta extraordinaria realidad que nos arrebata de la soledad, ensalza la dignidad de la existencia, llena de estupor, da luz a la tonalidad grisácea de nuestra vida cotidiana, sumerge en el mundo divino, hace familiar, la existencia de Dios, no cesa de asombrar y de maravillar, desplaza el centro de interés de toda la aventura terrenal, colorea de sentido toda acción,? ¿Cómo no quedar sobresaltado de alegría frente a este ser mío, mortal, hecho templo del Dios inmortal, frente a este cuerpo mío, corruptible hecho santo e incorruptible por la intimidad de su creador? ¿Cómo es posible que te busque fuera de mí, cómo es posible que me olvide de que estás conmigo dentro de mí? 
Pidámosle al Señor que nos ayude a volver cada día como él sabe hacerlo a la interioridad, a sentir su presencia dentro de nosotros, que nos ayude a alejar lo que ocupa el sitio que solo está reservado para Él, en lo más íntimo de nuestro ser. Que purifique nuestros corazones para que podamos verlo presente en nuestra vida, operante, tranquilizador, indispensable. Que refuerce nuestro corazón, para que podamos verlo y sentirlo, para que podamos entablar con él un diálogo de amor y vivir con él una historia de amor destinada a no acabar nunca.
¡Paz y Bien!


Bitácoras