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La vida Religiosa: Hoy (VII)


23 Julio 2025

Sintonizar con el camino sinodal.

 “Este proceso y camino de escucha queremos transitarlo de forma sinodal, caminando juntos”. “Si entre nosotros logramos hacer un buen trabajo sinodal, estaremos reforzando y apoyando de forma activa el proceso que ha iniciado la Iglesia”. Además, hay un desafío que se impone con fuerza para todos los consagrados de nuestro país: “hemos de reflexionar y discernir juntos sobre el presente y el futuro de la vida religiosa en España”.

La obediencia, el nervio de la vida consagrada “Vuestra peculiar forma de seguimiento, bien lo sabéis, no puede vivirse sin ese sentido de obediencia que traspasa lo meramente práctico y funcional en una vida comunitaria”. “La historia de la vida religiosa nos muestra la corresponsabilidad y obediencia en el punto de su propio origen, como dimensión fundante”.
   

“La vida consagrada se comprende caminando, consagrándose cada día, se comprende en diálogo con la realidad” (Francisco), recalcaba entonces Bergoglio en una misiva enviada por video-mensaje. “Cuando la vida consagrada pierde la dimensión de diálogo con la realidad y de reflexión con lo que sucede empieza a hacerse estéril”, finalizaba advirtiendo el Papa.

Hombres y mujeres de esperanza. “La vida consagrada en España está llamada a ser esperanza en medio de estos momentos convulsos”, hoy nos toca animar a los religiosos con una honda sinceridad: “Cuando se oye que sois ya mayores, que lo vuestro va a desaparecer… A esos profetas de calamidades yo les digo: ‘¡No, no no!’. ¡Vosotros sois el resto del Pueblo de Dios, sois profecía para el mundo!”

“Hay cuidar el carisma donado a cada Instituto”.  “Hoy es el tiempo de Dios, este día por tanto es santo; en este día nos reunimos con los pies en la tierra y la mirada en el cielo, buscando la manera de servir mejor”. Y para todo ello hace falta, tener siempre bien presente que “aquí el que manda es el que se ciñe y se pone a lavar los pies a sus hermanos”.

Es bueno y positivo el preguntarnos sobre nuestra vida, para crear un ambiente positivo para la fe en España, y en Europa, da la imagen de un panorama algo oscuro, salvo excepciones. En la mayoría de los casos el declive en números e indicadores de vitalidad es evidente. Solo se salvan unas pocas entidades que logran mantener un cierto flujo de nuevas vocaciones y, de forma convergente, registran signos de vitalidad en su presencia, forma de orar, evangelización e impacto eclesial y social... Se puede asumir que esta es una consecuencia normal del proceso de secularización que vivimos en todo el mundo occidental, y que de la misma forma que se vacían las iglesias, se vacían los seminarios y los noviciados… y es preocupante, pero no para “dormirnos”, sino para buscar cambios y reflexionar…

Son tiempos de crisis global, en un mundo que ha quedado de alguna manera fracturado por la pandemia del Covid…, pero asusta hoy mucho más la “migración”…, detrás el racismo, la violencia, la división… que particularmente a los Religiosos nos pide y exige una respuesta profética.

¿Cómo estamos llamados a responder como religiosas y religiosos?

¿Qué puede ofrecer nuestra vida de votos, vivida en comunidad, en medio de este sufrimiento? 

Cada día se acentúa los rasgos del final de una era, un cambio de civilización.

Y la historia nos dice que el período más o menos largo que precede al nacimiento de una nueva civilización es una etapa de decadencia: un tiempo caótico y lleno de incertidumbre, exactamente como este momento en el que nos encontramos.

Buscando inspiración para el momento actual, hay que mirar a las primeras comunidades cristianas, que se desarrollaron y expandieron de manera inexplicable durante un período muy difícil para ellos, incluso más que el nuestro. 

Lo mismo lo podemos aplicar a nuestras comunidades o congregaciones. Nacimos en condiciones de estrés, depresión, y nos desarrollamos mejor bajo esas condiciones. En cambio, cuando no existe esa presión nos relajamos, y perdemos fuerza y enfermamos.

Si vivir bajo presión forma parte de las condiciones habituales de la comunidad cristiana para su desarrollo y consolidación, entonces es normal que los primeros cristianos apreciaran tanto la virtud de la paciencia que, según el diccionario, es la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”.

Tanto los primeros cristianos como nuestros fundadores estuvieron activamente implicados en el nacimiento de lo nuevo en un mundo decadente.

Aunque los signos externos pudieran dar impresión de lo contrario, la Vida Religiosa tiene una gran actualidad. En la esencia de lo que estamos llamados/as a ser se encuentra exactamente lo que las mujeres y los hombres de hoy necesitamos. En el corazón de nuestra vida se encuentran una serie de no negociables que, vividos en autenticidad, tienen la enorme fuerza de lo germinal. El conjunto de una vida así ejerce de contraste profético ante las prácticas decadentes del momento actual y son paciente fermento de cambio.

Mi deseo y esperanza es que todos en la Vida Consagrada “despertemos al mundo”, porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía. “La radicalidad evangélica no es sólo de los religiosos: se exige a todos. Pero los religiosos siguen al Señor de manera especial, de modo profético”. Esta es la prioridad que ahora se nos pide: “Ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra... Un religioso nunca debe renunciar a la profecía”. (Carta Apostólica del Papa Francisco a todos los Consagrados, II, 2)

No la radicalidad, sino la profecía. O quizás mejor todavía, la radicalidad de la profecía. Evidentemente, no se trata de la profecía de ponerse como modelos de nadie en la Iglesia, sino más bien de la profecía de la pequeñez y de la debilidad, que testimonia la misericordia de Dios.

La profecía es la capacidad de englobar la muerte, el fracaso, la no visibilidad, la marginalidad y hacerlo como opción permanente para toda la vida.

 “Como consagrados, aprendemos a escuchar las voces de nuestro interior y de la realidad actual (…). Hay que arriesgar la vida y dar testimonio (…). Aprendemos a vivir como místicos y profetas, siguiendo juntos a Jesús, quien nos enseña este camino”: