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V domingo de Pascua


17 May 2025

¡Hola, amigo!

Hoy, sintiéndome inmensa e inmerecidamente amado por tu amor que me desborda, que me acurruca, que me sana heridas y que me salva, también yo quiero preguntarte, como Lope de Vega, cuando te decía:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras?

Me lo pregunto y me miro. Me miro y me lo pregunto y sigue en pie la dichosa pregunta:

¿Qué tengo yo?

¿Por qué me amas, por qué me quieres hasta el extremo del querer?

Mi respuesta más sincera y verdadera es: “no lo sé”.

Eso sí me miro a mí; pero quiero dar la vuelta a la pregunta y mirarte a ti:

¿Qué tienes tú que eres capaz de amar tanto a quien ni siquiera se toma en serio el amor que le regalas?

¿De qué fuente bebes tanto Amor que, borracho de amor, no puedes regatearle el amor a nadie?

Voy a decir un disparate:

¿Eres tan Amor que te aniquilarías si dejaras de amar a alguien?

Realmente la Gloria de Dios brilla y se manifiesta en tu vida. Te doy las gracias por tu amor regalado, por tu amor absolutamente gratuito. Y te pido perdón por mi inconsciencia, por mi frialdad, por mis regateos.

En el evangelio de hoy nos acabas de decir: “como yo los he amado a ustedes, ámense los unos a los otros”.

¿Se te olvidó decirnos que te amemos a ti?

¿Te sientes “pagado” viendo a los que amas cubiertos por tu amor y por el amor de los hermanos?

¿No reclamas nada para ti?

¿Somos nosotros, soy yo, lo único que te importa?

¿Hasta ese punto te olvidas de ti por los que amas? ¿Quién puede entender esa desmesura, esa locura?

Yo me siento incapaz de entender. Sólo se me ocurre bajar la cabeza y agradecer asombrado, deslumbrado...

Y más preguntas: ¿me mandas amar a los hermanos como los amas tú, como me amas a mí?

¿De verdad, me crees capaz de tal hazaña? ¿Me estás pidiendo que ame como Dios?

No me atrevo a decirte que no me conoces, porque sé que me conoces mejor que yo mismo. Pero ahora mismo, mientras hablo contigo de esto, me siento totalmente perplejo, descolocado...

Ya sabes, Jesús, que yo ni siquiera soy capaz de amar a los que me aman, que a veces regateo mi amor a los que me aman mucho.

Claro que tengo que nacer de nuevo, del Espíritu que te capacitó a ti.

Y se me ocurre un truco: empeñarme en mirar a cada persona con la que me cruzo, con la que me junto y pensar: ¿cómo ama Jesús a esta persona?

El resto del trabajo lo harás tú.

¿Tú que me dices?