En este domingo al abrir los ojos, como todos los días iba a decir: ¡Hola! Señor…, pero te adelantaste y eres tú el que me saludas:
¡Hola Francisco!
Ya veo que hoy quieres hablar, pues, habla Señor, que “tu siervo, escucha”, porque me encantará escucharte, dime, háblame....
“Ya veo que vas entrando en el evangelio en el que estaban los discípulos y las gentes de ayer, pero yo quiero mirarte y hablarte en vivo y en directo en el evangelio que nos está sucediendo, a ti y a mí, en febrero de 2025. Ya sabes que somos amigos y que te sigo la pista en todo momento…, porque te quiero. El otro día te dije, bueno, lo dije para todos, lo que le dije a Pedro: ‘rema mar adentro’. Esa es la actitud para crecer. Remar, trabajar, esforzarse, algunas veces hasta el cansancio. Rema hacia el inmenso mar de Dios, rema hacia el inmenso mar de ti mismo, de tu hermano, de la vida. Pedro me dijo: ‘si tú lo mandas…’ ¿qué me dices tú? ¿Te animas a remar o te quedas cómodo en la orilla? Te aseguro que en las honduras de esos mares están esperando por ti el asombro, la alegría, la paz, el amor, y más. Confía en mí. Te aseguro que la pesca será abundante. Y ya sabes que el que busca encuentra y que yo no miento. Y ahora quiero hablarte del evangelio que transcribiste más arriba.
Mi amigo Lucas me entendió bien y lo escribió muy provocativamente. Por experiencia sabes que a la gente muchas veces hay que decirle las cosas ‘a lo bruto’ porque si no, no reaccionan de su modorra. Francisco, ¿eres capaz de decir el nombre de tus enemigos? Ya sabes que en este mundo al revés, tener enemigos no es malo, pues así trataron a los profetas de Dios. Pero hoy te digo: compórtate con ellos como Dios: ama a tus enemigos. ¿Ya sabes que hay gente que habla mal de ti? Tú habla bien de ellos. ¿Que alguien te ha jugado una mala pasada?
Venga, anímate, luce ese parecido que tienes con el Padre y devuélvele bien por mal. ¿Qué hay gente que quiere aprovecharse de lo tuyo? Ya sabes que hay gente insegura que necesitan tener cosas para sentirse que valen. Si te piden el suéter, dale también la camisa. Sé libre para dar, y ten claro que la pobreza te hará más libre. Y ayúdales en lo que puedas a que sean conscientes de que valen ya, sin tener cosas o aplausos.
Creo, amigo, que vas sabiendo lo que quieres que hagan contigo: que te quieran, que te valoren, que te perdonen cuando cometes errores y que vuelvan al amor de antes… Pues mira por dónde te están diciendo clarito lo que tienes que hacer con los demás: siempre querer, siempre perdonar, siempre estar cerca con la mejilla al alcance de su mano. Mi Padre y tu Padre es así, bueno con los ingratos y con los desagradecidos. Y te recuerdo: tu fondo es Amor; búscalo y vívelo.
¡Te quiero!
Gracias Señor, yo también te quiero… perdona mis fallos…
Bitácoras