“Seguir al Señor”
Llevamos bastante tiempo dando vueltas a un montón de situaciones, circunstancias… como las casas, los conventos, los colegios…, y el para qué…, las edades, los “achaques” de los hermanos/as, los cierres de Convento…, la falta de vocaciones, y un largo etc…, pero a la vez surgen muchos documentos, comisiones, equipos, delegados…; pero en estos tiempos, y en cualquier tiempo, surge la pregunta radical sobre nuestra forma de vida Religiosa-Consagrada, de si ésta es en sí misma vida es cristiana o no. La crisis más grave consiste en su profesionalización y su descristianización, pues, hoy en tanto hablar por hablar se podría decir de nosotros:
¡”Qué buenos religiosos y qué malos cristianos”!
“Sólo les falta creer en Dios para ser buenos cristianos”.
¿Somos profesionales de la religión o creyentes; “observantes o cumplidores” del evangelio?
No olvidemos que “la espiritualidad religiosa es una espiritualidad cristiana”, esto ha surgido de la “singularización”, es decir, de ser distintos, distantes y singulares. Como algo superior, excelso, privilegiado…, tal ha sido como una cierta obsesión de nuestro “mayores”. Sin duda la vida religiosa ha creado un singular estilo de vida: horarios, costumbres, posesiones, apariencias…; la secularización externa no ha sido suficiente para disminuir ese halo. La singularidad externa es sólo expresión de otra más transcendental: la singularidad de su vida en el contexto más amplio de la vida religiosa. La teología de la vida religiosa no ha cejado en su empeño de definir esta singularidad o identidad. No ha sido fácil: vida consagrada, Sequella Christi… todo resulta parcial y limitante, porque el lenguaje es un espejo de nuestras virtudes y nuestros vicios, de claridades e incertidumbres. Con frecuencia han dado la impresión de que la vida religiosa se ha apropiado el ideal del seguimiento de la vocación a la santidad, los consejos evangélicos.
La eclesiología del Vaticano II ha puesto las bases, al afirmar sin paliativos la vocación universal a la santidad:
“Todos los fieles, cristianos de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (LG 11,39).
Y de ahí, que la teología de la vida religiosa entró en una profunda crisis, por ahí andamos con un largo etc… Aunque la renovación posconciliar de la vida religiosa ha tomado muy en serio esta eclesiología. Una invitación a mirar el mundo de frente, a situarse dentro de él y en solidaridad con él, no fuera, ni contra. Debemos aprender a mirar hacia afuera, especialmente a los laicos más comprometidos, para saber cómo definirse ella misma y cómo debe vivir hacia dentro. La vida religiosa busca hoy su identidad a través de su misión.
Y es que con frecuencia a lo largo del tiempo hemos tendido a decir lo que somos en términos de “separación”, “negación”, “perfección”…, y ahora tenemos que comenzar a describirnos como vida evangélica “como todos los demás cristianos”. Todos hacemos referencia a la experiencia de Dios, a la oración intensa, a la dimensión contemplativa de la vida cristiana. No olvidemos que le “perfección evangélica” es un compromiso de todo creyente. El bautismo es una muerte al pecado y un renacer a la vida nueva, a la perfección y a la santidad. Santos: así se designaba con toda naturalidad a todos los cristianos.
Seguir a Jesús en la vida presente.
Vida religiosa, personas cuya vida está totalmente inspirada y dedicada a asuntos religión, por lo que todos los cristianos somos personas religiosas, pues, nadie en la Iglesia puede pretender el monopolio de Dios y de la religión. Y nada en la vida del cristiano debe sustraerse a la dimensión de la fe.
Vida consagrada, denominación más utilizada a partir del Concilio Vaticano II. Acentúa la consagración como categoría central de la vida religiosa. El religioso se consagra públicamente por la profesión de los consejos evangélicos. Consagración total a la causa del Reino. Esto tiene su importancia, pero no olvidemos que todos los cristianos son consagrados a esa misma causa por el bautismo, confirmación…
Sequella Christi o Seguimiento de Cristo utilizado a lo largo de la historia, y se habla de un seguimiento radical de Cristo, pero ese seguimiento es bueno recordar que es la exigencia fundamental de toda la vida cristiana. Sin olvidar y a la luz del Sínodo que califica el momento actual del ser cristiano de la vida de la Iglesia como la “hora del seguimiento”, porque todos los cristianos estamos necesitando un impulso y una radicalidad vivida. Vivamos un seguimiento de Cristo como vocación universal. La vida cristiana volverá a serlo de verdad en la medida que sea un verdadero seguimiento de Jesús –no de “rebajas”-. Y la vida religiosa volverá a serlo de verdad y cumplirá su misión esencial en la medida en que sea un modelo referencial de seguimiento radical de Jesús para toda la comunidad cristiana. Y esa mutua relación será de servicio carismático y mensaje profético. Así cuando todos los cristianos sigan y vivan radicalmente a Jesús, la vida religiosa no habrá perdido su identidad, sino que habrá cumplido su misión… “…ser levadura en medio de la masa…”.
Bitácoras