Ha pasado un Domingo más, pero es cierto que no ha sido uno más, sino el DOMINGO DE PENTECOSTÉS…, aunque desde el misterio de la fe, hay que decir que cada día es un “regalo” del Señor a cada uno, a todos…, pero manera especial la liturgia de Pentecostés nos llena del Espíritu del Padre y del Hijo, y nos regala sus Consejos, Dones…, y hay que gritar:
“Gracias Jesús”
¡Alabado, seas mi Señor!
Qué gusto verte en el evangelio de esta liturgia de Pentecostés, y llegaste al Cenáculo y llegó la paz y el bien, y la alegría…. Llegaste, y
todos se llenaron de vida y entusiasmo, de coraje, de ilusión..., y se acabaron los miedos…, y se abrieron las puertas, todas las puertas, porque
hay que ver Señor, cuántas puertas tenemos…, pero sobre todo se abrió laque más cuesta la del corazón.
Llegaste, y el mundo empezó de nuevo. Llegaste y se encendió una hoguera en medio de la oscuridad. Y parece que ese día venías con un
empeño:
soplar, exhalar, alentar….
Y todo tú, amigo Jesús te entregaste…
¡Qué maravilloso!
Empiezo ya con la petición que se me mueve por dentro: Sopla, Señor, sopla sobre la Iglesia, sopla sobre todos y cada uno de los bautizados. Necesitamos tu soplo porque nos estamos asfixiando en nuestra desgana, desinterés, mediocridad, y tantos “asuntillos”…
¡Y hay tanto que gritar, alabar, bendecir, y hay tanto que hacer…!
Me parece que a estas alturas de la vida eclesial, todos necesitamos un buen masaje “cardiaco”. Y tú sabes tanto de corazón…, de vida…de entrega, de amor…, que nos encuentras tirados por los suelos, inconscientes, necesitados de que nos presiones fuerte el pecho, porque con poco no nos echamos a andar, nos desmoralizamos.... Necesitamos que nos hagas el boca a boca y nos llenes de tu aliento, de tu Espíritu divino. ¿Qué ya lo estás haciendo? Lo sabía, lo sabía. Gracias, gracias... ¡Bendito eresSeñor!
Recuerdo a tu amigo el profeta Elías, que bien nos retrata, bueno me retrata porque vivo huyendo… como Elías que huía de los que lo buscaban para matarlo. Nosotros huimos de los que nos ven como “bichos raros”…, verás Señor, que en este siglo veintiuno, para muchos somos como algo de otro mundo, como nostálgicos…, anticuados..., y vemos a nuestro lado tantas “fisuras” eclesiales, “yo soy de estos…, aquellos de no sé qué ritos…” Huimos de la vida dura, de las prisas, de los problemas... Y huyendo terminamos encerrados en nuestra cueva particular, en nuestromundillo más o menos cómodo donde intentamos que los problemas de fuera no nos afecten. Una cueva llena de sombras, pero que convertimos en nuestro refugio.
Me duele la pregunta de Dios a Elías: ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué hago encerrado en mí mismo, en mi religión tan cómoda, en mis pequeñas o grandes preocupaciones? Tú nunca te encerraste en tu cueva.
Tú siempre te dejabas afectar por lo que pasaba fuera. Y Dios siempre buscándonos, siempre saliéndonos al encuentro. “Sal de la cueva, que voy a pasar”. Ya sabes, Señor, que somos muy fantasiosos y esperamos que el “paso de Dios” sea espectacular..., y no es así, tu pasas silencioso, tal vez en una leve brisa…Y resulta que ni en el terremoto, ni en el viento fuerte, ni en el fuego estaba Dios. Dios estaba en la brisa suave del silencio.
Yo también me dejo encandilar por lo grande, por el éxito y resulta que Dios, y tú que lo aprendiste de Él, pasan en la vida sencilla de todos los días. Tú Jesús te acercas a mi vecino, pero no te ve, porque está sumergido en su “soberbia”, su “ira”, sus “críticas perversas”… Y yo trato desde el silencio, la simplicidad, la amabilidad, la sonrisa…, dejar que pases y conectes conmigo en la vida diaria…. Y a veces te espero en lo grandioso y resultas que pasas a mi lado en lo pequeño, lo sencillo... Ayúdame, Jesús, a salir de mi cueva y a verte cuando pases a buscarme…, necesito que vengas a mí.
¡Espíritu Santo ven, ven…, en el nombre del Señor!
Bitácoras
