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Sacramentos ¿Qué es una buena confesión?


05 Marzo 2023

Es muy bueno de cara al Misterio Pascual, que en este tiempo cuaresmal aprovechemos este tiempo penitencial para la reflexión, la meditación…, y en particular sobre el sacramento de la Penitencia (reconciliación, Perdón, Alegría…) Y a veces:

"A veces salgo de confesarme con la sensación de no haberlo dicho todo, o de no haber expresado bien lo que había en mi corazón", se preguntan muchas personas. Pero, ¿en qué consiste la confesión? ¿Se trata solo de hacer una lista completa de las "faltas" de cada uno?

La pregunta merece ser formulada. Porque, a menudo, salimos del sacramento de la reconciliación con sentimientos contradictorios: estamos contentos de haber dado el paso (a veces ha sido una verdadera lucha...), pero conservamos un sentimiento de algo no completo. O has venido a pedir consejo y el sacerdote parecía tener prisa, así que lo has acortado, o ha seguido con un largo discurso preparado para otros penitentes y te has ido frustrado.

En resumen, este momento de gran expectación ha dejado una sensación de desasosiego y los frutos que pensábamos obtener de él parecen muy escasos.

Confesar el pecado, no la culpabilidad

Entonces, ¿cómo sé si me he confesado bien? ¿Se puede salir contento de un momento así, se pueden percibir efectos beneficiosos en la propia vida? No es fácil... Con demasiada frecuencia, confesarse consiste en confesar una falta que seguimos cometiendo, o bien en sacar nuestros trapos sucios y conformarnos así con nuestro pasado y nuestra culpa.

En consecuencia, el propio sacerdote se siente incómodo y, cogido desprevenido, tiene dificultades para ajustar sus palabras. Confesarse no significa juzgar la propia vida cristiana, lo malo por un lado y lo bueno por otro, sino abrirse al Evangelio, es decir, a la Palabra de Dios, y reconocer la distancia entre lo que dice y lo que se vive. A menudo, uno no confiesa su falta, sino su culpa, que no es lo mismo, sobre todo porque las faltas muy pequeñas generan a veces mucha culpa, mientras que las faltas muy grandes generan poca.

¿A qué se debe este desfase?

Probablemente porque la gravedad de nuestras faltas, grandes o no, no nos aparece realmente, y no nos vemos realmente tal como somos. Por ejemplo, el Evangelio nos pide que recemos sin cesar, pero nuestra conciencia no nos lo dice. Si no nos remitimos al Evangelio que nos dice que debemos rezar, o que debemos perdonar setenta veces siete, nunca confesaremos que no perdonamos o que no rezamos.

Por tanto, la confesión no se basa simplemente en la conciencia, sino en un pasaje escogido de la Palabra de Dios, que el ritual exige leer y compartir con el sacerdote.

Deja tu carga

¿Cómo confesarse entonces correctamente? ¿Cómo no salir decepcionado de un momento así? En primer lugar, está la forma elegida para recibir este sacramento. Algunas personas prefieren recibirlo en la Iglesia, durante una celebración penitencial y después de una preparación comunitaria.

A menudo, esta forma se experimenta como un apoyo. En este proceso, uno no está solo, pertenece a un pueblo de pecadores perdonados y el lado un poco "aterrador" de la confesión se desvanece. Otros, en cambio, prefieren tener un confesor "habitual" que conozca sin juzgar y les ayude a progresar, una figura cercana al director espiritual.

También se puede optar por confesarse durante una peregrinación o un retiro. También en este caso, las circunstancias hacen que el proceso forme parte natural de un contexto de oración y liberación. En Lourdes, por ejemplo, la capilla del confesionario está siempre llena, señal de que este lugar es una verdadera invitación a depositar la propia carga.

Francisco Manuel González Ferrera