Laudato: dos años de oración y compartir en Vélez-Málaga
La Hora Santa Laudato, nacida en la Fraternidad franciscana de Vélez-Málaga, en octubre de 2024, surge de la confluencia de dos necesidades profundamente humanas y espirituales: la de encontrar un espacio donde oración, reflexión y formación puedan caminar unidas, y la sed de plenitud y felicidad que habita en el corazón del hombre contemporáneo. En una sociedad que ha ofrecido múltiples caminos para alcanzar la realización personal, pero que no siempre ha logrado responder a los anhelos más hondos del ser humano, esta propuesta se presenta como una invitación a detenerse, volver la mirada hacia Dios y descubrir en Él la fuente de una vida plena.
El nombre Laudato, que evoca la alabanza a Dios por lo que Él es, expresa el sentido profundo de esta experiencia. No se trata únicamente de dedicar un tiempo a la adoración eucarística, sino de propiciar un encuentro con el Señor que ilumine la propia existencia. Así, el último lunes de cada mes, de manera ininterrumpida durante estos dos años (2024-2026), la iglesia de San Francisco de Vélez-Málaga se convierte en un espacio de contemplación ante el Santísimo Sacramento, en el que la oración se entrelaza con la formación teológica y la experiencia cotidiana de la fe.
Cada Hora Santa se articula en torno a una temática que sirve de hilo conductor, uniendo la reflexión teológica con las preguntas concretas de la vida. La catequesis inicial parte de la Palabra de Dios, de la riqueza de la teología y del testimonio de los santos para mostrar cómo la relación con Dios tiene consecuencias reales en nuestra manera de vivir, de mirar el mundo y de relacionarnos con los demás. Se trata de acercar la fe a la vida, poner palabras a los interrogantes que surgen en el camino y ofrecer un lugar donde también las dudas y las inquietudes que muchos católicos han ido acumulando puedan ser acogidas, pensadas y llevadas a la oración.
En este sentido, la Hora Santa Laudato quiere ser mucho más que una actividad mensual: aspira a convertirse en un espacio de descanso interior, de verdad y de reconciliación con uno mismo. A lo largo del mes acumulamos tensiones, expectativas, frustraciones y exigencias; con frecuencia, nos descubrimos divididos entre lo que deseamos ser y lo que realmente somos. Llegamos a confundir nuestra identidad con aquello que hacemos, con la imagen que proyectamos o con las demandas que recibimos. Ante el Señor, sin embargo, podemos desprendernos de todo aquello que no expresa nuestra verdad más profunda, dejar caer las apariencias y presentarnos tal como somos.
La adoración se convierte entonces en un lugar de aceptación y de amor, donde redescubrimos que Dios nos conoce, nos desea y nos ama. Su presencia no nos exige construir una imagen perfecta de nosotros mismos, sino que nos invita a acoger nuestra realidad bajo su mirada misericordiosa. De ese encuentro nace una paz que no depende de que todo esté resuelto, sino de sabernos sostenidos por un amor que nos precede y nos acompaña. En medio del silencio y de la contemplación, el corazón puede recuperar su centro y aprender a vivir desde una verdad más profunda.
La propuesta nació con una orientación especial hacia los jóvenes, a partir de la intuición y el impulso inicial de fray José Ricardo Gallardo y Pablo Domínguez. Sin embargo, la respuesta que ha ido suscitando el Señor, a través de las temáticas, la meditación de la Palabra y la reflexión sobre la propia vida, ha superado aquella primera intención. Hoy, la Hora Santa Laudato reúne a personas de distintas edades y condiciones, que encuentran un lugar común para responder a su sed de sentido, de verdad y de Dios. La diversidad de quienes acuden manifiesta que la necesidad de detenerse, orar y dejarse mirar por el Señor atraviesa todas las etapas de la vida.
Esta experiencia, nacida en Vélez-Málaga, se inscribe además en un movimiento más amplio de recuperación de la adoración eucarística y de creación de espacios donde Cristo ocupa el centro y todo lo demás encuentra su lugar a partir de Él. La iniciativa ha despertado también en otras fraternidades franciscanas el deseo de establecer momentos semejantes de oración y contemplación. Es una alegría comprobar cómo una propuesta concreta, arraigada en la vida de una fraternidad, puede convertirse en semilla para otros, favoreciendo una Iglesia que se reúne para escuchar, adorar y renovar su encuentro con el Señor.
Durante estos dos años, la Hora Santa Laudato ha encontrado distintos escenarios en Vélez-Málaga: desde la capilla del Buen Pastor hasta el patio del convento y el presbiterio. Cada espacio, ya sea por la belleza de la naturaleza o por el recogimiento que ofrece, ha contribuido a crear un ambiente propicio para la oración y el encuentro con Dios. En todos ellos se hace presente una misma convicción: la vida trinitaria no es una realidad distante, reservada a un horizonte inaccesible, sino un misterio de amor en el que estamos llamados a entrar y que puede transformar nuestra existencia cotidiana.
En definitiva, la Hora Santa Laudato es una invitación a dejar que Dios nos limpie la mirada para aprender a ver de nuevo. Porque, antes de contemplar la vida con profundidad, necesitamos permitir que el Señor sane nuestros ojos de prejuicios, miedos, falsas expectativas y de todo aquello que nos impide reconocer su presencia. Solo quien se deja mirar por Dios puede aprender a mirar de otra manera su propia historia, a los demás y al mundo.
Ese es, quizá, el fruto más profundo de esta hora de adoración: regresar a la vida con una mirada renovada, un corazón reconciliado y una paz que nace del encuentro con Cristo. Detenerse ante el Santísimo no significa apartarse de la realidad, sino aprender a habitarla desde Dios. Y así, mes tras mes, la Hora Santa Laudato sigue ofreciendo en Vélez-Málaga un lugar para el silencio, la formación y el encuentro; un espacio donde la alabanza se convierte en vida y donde, al dejarnos amar por Dios, aprendemos a contemplar el mundo con sus mismos ojos.
Pablo Domínguez Moyano. Vélez-Málaga
