Skip to main content

¿CON o SIN?


29 diciembre 2020

No, no me refiero a la cerveza, aunque lo parezca. Ni al cuidado que deben llevar los celíacos cuando van a comprar y tienen que leer todas las etiquetas, ni a los que padecen algún tipo de intolerancia alimentaria y van los pobres con un cuidado que pa qué. Me refiero a cómo te tomas la vida y a cómo haces todo lo que haces: ¿te la tomas CON Dios o SIN Dios? ¿Vas a tu bola o tienes en cuenta el Evangelio en cualquier situación? Porque no es lo mismo una cosa que otra, como podrás suponer, y no estoy hablando solo de los asuntos importantes y trascendentales; no es lo mismo salir a andar que salir a andar CON Dios, llegar a trabajar CON o SIN Él, acercarte a por el pan a solas que en Su compañía.

La idea me vino leyendo la Biblia, porque lo bueno del Señor es que se puede usar en cualquier temporada y haga el tiempo que haga. Era una lectura del Antiguo Testamento, y uno de los personajes le dice a otro: “Anda con Dios”. Te parecerá una tontería, pero a mí se me vino a la cabeza cuando yo era un crío, porque ese era el saludo común en mi pueblo: “Vaya usted con Dios, Fulanito”. A veces se abreviaba y quedaba en un rápido: “Con Dios, Zutanita”. Por supuesto que no era más que un saludo, una fórmula de cortesía y de buena educación. Vale. Pero era CON Dios, y eso da a todo un sabor especial, no digas que no. Lo que se deseaban mis paisanos unos a otros era la compañía de Dios: “Vaya usted con Dios”, “Quede usted con Dios”.  La realidad no cambiaba, y puede que el que se iba fuera a trabajar en el campo, con una escarcha de dos dedos o un sol de justicia; pero era un clima CON Dios, que no te afecta igual que cuando lo vives SIN Dios. Y la que se quedaba era la Aurelia, por ejemplo, viuda, sin apenas pensión y cuatro bocas por llenar. Pero no quedaba sola: quedaba CON Dios.

No sé si lo decía solo por la Semana Santa de Sevilla o por la de toda Andalucía, pero un fraile amigo mío contaba que, en aquellas tierras, no es lo mismo una fe “con cera” que una fe “sin cera”. La anécdota, cuando te la explican bien, contrapone con cierto gracejo la sinceridad de fe y todo el ambiente cofrade y semanasantero. Otro día quedamos y, si te interesa, te comento lo que pienso al respecto, pero yo no iba por ahí en estos momentos. A lo que yo quería llegar es a lo que descubrió san Francisco en el Cántico del Hermano Sol.  Lo capta muy bien el papa Francisco en su preciosa Encíclica ecológica, donde nos viene a decir que el santo de Asís no era un forofo de la naturaleza, sino que era un forofo de Dios, por eso veía el reflejo del Señor en toda la creación y consideraba hermano suyo todo lo existente. San Francisco no alaba a Dios “por” sus criaturas, sino que lo ensalza “con” todas las criaturas, por eso canta: “Loado seas, mi Señor, CON todas tus criaturas”. Veía a Dios en todo lo que miraba y por eso lo ponía todo en Dios, que es el mejor lugar donde las cosas pueden estar.

Como dice un gran teólogo español, no es que uno sea creyente o ateo y por eso vea el mundo de una manera u otra, sino que uno ve el mundo con Dios o sin Dios, porque eso le parece lo más sensato y racional, y por eso uno es creyente, cuando lo ve CON, o ateo cuando lo ve SIN. Independientemente del grado de alcohol, lo decisivo no es que te tomes la cerveza en casa o con los colegas, a palo seco o con tapa. Lo que cuenta es si lo haces CON o SIN el Señor. Y donde pone “cerveza” puedes poner lo que quieras: familia, trabajo, amigos, la vida toda. ¿CON o SIN? Esa es la cuestión, hermano. Tú mismo.