¡Dios sirviendo al hombre!
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra del Señor
"Tener las lámparas encendidas". ¡Que buena consigna para empezar el mes de septiembre y el curso escolar. Esa consigna del Señor bien puede ser la mejor definición de la fe. Una fe activa que vela en las tinieblas para hacer que apunte la aurora. Una fe en traje de faena "tened ceñidos los lomos", siempre dispuesto para servir. No podía ser de otra manera, El que ha venido a servir y a lavar los pies de sus discípulos, nos pide estar atentos, luchar contra esa manera monótona de vivir la fe, ese modo rutinario como si pusiéramos el piloto automático en las cosas de Dios. Esa fe que se parece mas a las de las doncellas necias que no preven el aceite y nunca están a punto para servir al Señor.
La fe que Dios quiere nos hace estar bien despiertos y con el oído atento para no despistarnos y servir al Señor en los hermanos.
Así debe de ser la vida del que sigue al Señor: trabajando y velando. En traje de faena, haciendo que rinda nuestro tesoro, aunque solo sea un poco. Tenemos que estar espabilados una y otra vez para que la llama vacilante de nuestra vida le haga saber a la noche que no será ella la que venza con sus astucias que huelen a muerte.
Consuela saber el inaudito regalo que le espera al que esté en vela, bien despierto: el mismo Señor se pondrá el traje de faena y nos servirá. Así es el Dios de los cristianos, un Dios "en delantal". ¡Qué gozada! ¡Dios sirviendo al hombre!
¿Te lo vas a perder? ¡Despierta!
¡Paz y Bien!
Otras noticias
La Luz de Clara Brilló en la noche Veleña
Carta del Ministro general para la Solemnidad de Santa Clara 2026
Cena franciscana en Vélez-Málaga
Bitácoras
