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  • Cada día con Francisco de Asís

Noviembre 19

Era también la oración para este hombre dinámico un refugio, pues desconfiando de sí mismo y fiado de la bondad divina, en medio de toda su actividad descargaba en el Señor – por el ejercicio continuo de la oración- todos sus afanes.
Afirmaba rotundamente que el religiosos debe desear, por encima de todas las cosas, la gracia de la oración; y , convencido de que sin la oración nadie puede progresar en el servicio divino, exhortaba a los hermanos, con todos los medios posibles, a que se dedicaran a su ejercicio. Y en cuanto a él se refiere, cabe decir que ora caminase o estuviese sentado, lo mismo en casa que afuera, ya trabajase o descansase, de tal modo estaba entregado a la oración, que parecía consagrar a la misma no sólo su corazón y su cuerpo, sino hasta toda su actividad y todo su tiempo .

(LM 10,1)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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