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  • Cada día con Francisco de Asís

Abril 3

Finalmente, en la oración hablamos con Dios y lo escuchamos, y, llevando una vida cuasi angélica, vivimos entre los ángeles; en la predicación, empero, nos vemos obligados a usar de gran condescendencia con los hombres, y -teniendo que convivir con ellos- se hace forzoso pensar, ver, hablar y oír muchas cosas humanas. »Pero hay algo que contrasta con lo dicho y parece que ante Dios prevalece sobre todas estas cosas, y es que el Hijo unigénito de Dios, Sabiduría eterna, descendió del seno del Padre por la salvación de las almas: para amaestrar al mundo con su ejemplo y predicar el mensaje de salvación a los hombres, a quienes había de redimir con el precio de su sangre divina, purificarlos con el baño del agua y sustentarlos con su cuerpo y sangre, sin reservarse para sí mismo cosa alguna que no hubiese entregado generosamente por nuestra salvación. Y como nosotros debemos obrar en todo conforme al ejemplo de lo que vemos en Él, como modelo mostrado en lo alto del monte, parece ser más del agrado de Dios que, interrumpiendo el sosiego de la oración, salga afuera a trabajar».

(LM 12,1)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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