JPIC COMO ESPIRITUALIDAD

Justicia, paz e integridad de la creación, antes que ser una institución eclesial, son valores bíblicos y evangélicos, valores del Reino de Dios. La institución eclesial JPIC, las Comisiones y los animadores de JPIC no realizan su labor, en primer lugar, por motivaciones sociológicas sino fundamentalmente teológicas.

Porque JPIC nace de una espiritualidad centrada en el proyecto de VIDA de Dios para toda su creación, en el que nos llama a colaborar; nace y se alimenta del descubrimiento del rostro del Dios de Jesús, que se revela en la historia y a quien se le encuentra en la realidad; del deseo de vivir, con lucidez y compasión, el seguimiento del Señor Jesús, en un mundo injusto, desgarrado y violento; y de la necesidad de discernir los signos de vida que el Espíritu está suscitando hoy.

En esta espiritualidad es fundamental la imagen de Dios que nos trasmite la Biblia y que nos ha revelado Jesús de Nazaret. Desde la revelación bíblica Dios es el LIBERADOR y COMPASIVO, que ama la justicia y el derecho, defiende a los oprimidos, a los pobres e insignificantes (cf. Ex 2, 23-25; 3,7-10; Deut 26,5-11; Salmos 72, 103; 146). El Dios CREADOR, aliento de vida, que sigue creando y nos llama a hacernos responsables de la paz, la justicia y el cuidado de la naturaleza (cf. Amós 5,21-24; Miq 6,6-8; Sab 9,1-2). El Dios PADRE-MADRE, compasivo y misericordioso, que tiene un proyecto de VIDA en abundancia para toda su creación: el Reino (cf. Jn 10,10).

Para la existencia cristiana es esencial partir del Proyecto o sueño de Dios. Este proyecto, revelado a lo largo de la historia de la salvación, es una humanidad nueva y distinta, fraterna y solidaria, donde cada persona viva en plenitud, con la dignidad para la que ha sido creada (imagen y semejanza de Dios), en comunión de vida con Dios, con las otras personas y con toda la creación -objeto también de la redención de Cristo y llamada a la plenitud-. Una humanidad sin barreras de nacionalidad, cultura, religión, en la que todos y todas nos reconozcamos como hijos e hijas del mismo Padre y hermanos/as entre sí. El sueño de Dios es que la tierra sea una casa para todos.

Jesús, inicio de esta nueva humanidad, llamó a ese Proyecto de Dios el Reino de Dios. Jesús inauguró el Reinado de Dios, y entregó su vida para hacerlo realidad. JPIC se origina y desarrolla en estrecha relación con este Proyecto de Dios. El amor, la justicia, el diálogo, el respeto y cuidado de la naturaleza, la colaboración, el compartir, la preocupación por los débiles y excluidos, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el perdón, la reconciliación, la paz, son valores del Reino de Dios.

Desde la Biblia el compromiso con la causa de la justicia es conditio sine qua non para la experiencia (siempre imperfecta) de comunicación con Dios (cf. Jer 22,15-16; Is 11,1-9; Os 2, 21-22; 4,1b-2; 6,4-6; 1Jn 3,14.17; 4,7-8). No hay posibilidad de acceso a Dios al margen del servicio, de la caridad, de la justicia, del compromiso por construir la fraternidad universal. 

El organismo JPIC brota y se alimenta de esta ESPIRITUALIDAD profundamente bíblica, encarnada y samaritana, centrada en la compasión y el amor efectivo; fiel y comprometida con la realidad histórica, en el espíritu de las Bienaventuranzas, desde la paz y la no-violencia; orante y celebrativa de los signos de vida que promueve el Espíritu y de los logros que se van consiguiendo.

Los valores de JPIC son eje que atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida consagrada: espiritualidad, misión, votos, fraternidad/sororidad. Los VOTOS, por ejemplo, cobran nuevo sentido y significado a la luz de JPIC, siendo vividos como alternativa a las actuales formas de ejercer el poder, del reparto de los bienes de la tierra, y de la violación de la vida del planeta. Es por eso que los valores de JPIC están llamados a ser núcleo configurador o eje trasversal de un nuevo paradigma de Vida Religiosa: una Vida Religiosa MÍSTICA Y PROFÉTICA que promueve un estilo de vida interpelado por las grandes causas de la humanidad y comprometido en favor de que todos los seres humanos tengan una vida digna.

Vivir desde la JPIC lleva a vivir un estilo de vida pobre, fraterno, solidario y ecológico, y a implicarse, personal y comunitariamente, en la transformación del injusto sistema social, económico y político que rige hoy nuestro mundo, en defensa de la dignidad de todo ser humano, y en contra de toda clase de opresión, injusticia y violencia; construyendo una PAZ,  que es don de Dios y tarea humana, y que sólo se construye desde la verdad, la libertad, la justicia y el amor; y cuidando y defendiendo la creación, los derechos de la Tierra, la sostenibilidad del planeta.

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