¿AGAPESÓNAR O ESMAIL-LOQUEISON?

¿AGAPESÓNAR O ESMAIL-LOQUEISON?

El primer palabro, como ya habrás adivinado, se refiere al duendecillo de Santa Ana. El nombre es por incordiar, así que no te rompas la cabeza buscando en Google. En griego la palabra “amor” o “afecto” se pronuncia “agápe”, y lo de “sónar” lo he visto en Internet (donde toda burrada ortográfica tiene su sede) de esta guisa: “biosónar”. Ganas de marear la perdiz, porque a eso, en mi pueblo, le hemos llamado de toda la vida ecolocación, que es el sistema de orientación que usan los murciélagos para moverse en la oscuridad. Consiste en emitir sonidos que, al rebotar sobre los obstáculos y volver al oído, te van informando de dónde están las cosas y no te das porrazos con ellas. Los delfines también lo usan. Si, en vez de emitir sonidos, las ondas que salen de ti son de amor y de afecto, el eco que recibes te indica si te puedes acercar con confianza, porque te van a devolver el cariño, o si tienes que salir por patas porque o no está el horno para bollos en ese momento, o la persona en cuestión es refractaria a la ternura (aunque eso debe ser una mutación maligna, a mí que no me digan, porque Dios es amor y nosotros sus clones).

¿Dios a domicilio?

¿Dios a domicilio?

Te escribo esto a principios de noviembre, con el runrún del inminente confinamiento. Otra vez, sí. Y una buena amiga me ha mandado por guásapsla noticia de que a los pobres dueños de los bares y restaurantes de esta Comunidad Autónoma los van a fastidiar de nuevo, porque no les dejan servir nada en las barras ni en las terrazas; solo les permiten preparar pedidos a domicilio.Es lo que toca, y aquí, o te adaptas al medioo desapareces, como ya les pasó a mis admirados dinosaurios. El caso es que me he puesto a pensar, recordando la triste Semana Santa pasada: ¿y si nosotros, los frailes del convento, nos ponemos las pilas y servimos a Dios a domicilio?

De por qué la Navidad nos hace engordar

De por qué la Navidad nos hace engordar

No sé si en el tuyo, pero en mi pueblo lo de “dar de sí” se refería solo a la ropa. Un jersey que se había agrandado por el uso es que “había dado de sí”, o si algo que te compraban te quedaba un poco justo, todo era cuestión de tener paciencia hasta que se lavase unas cuantas veces y entonces “daba de sí” y ya te lo podías poner. La otra acepción en mi tierra no se usaba. Me refiero a esa que, poco caritativamente, subrayaba las limitaciones cognitivas de alguien: “El pobre es que no da más de sí”. Concretando en general. Dar de sí significa que algo ha ensanchado, que se ha hecho grande. Y eso es precisamente lo que hace la Navidad, porque es lo que hizo Dios en el Portal de Belén. Porque allí, en la más absoluta pobreza y desprotección, haciéndose máximamente vulnerable en un crío pequeñuelo, nos enseñó que amar al modo de Dios no es otra cosa que DAR-DE-SÍ. No me negarás que hay que ser mucho Dios para darnos a su propio Hijo. Nos dio un pedacico, si podemos hablar así, de sí mismo. Nos regaló lo que más quería el Padre y lo que más quería el Espíritu Santo: la segunda Persona de la Santísima Trinidad. ¡Olé tu Amor, sí Señor!

¿Sabes hacer “Olas de Cuaresma”?

¿Sabes hacer “Olas de Cuaresma”?

Esta es muy simpática y me salió barata, porque me la regaló el Señor para los críos del Colegio san Francisco, de Almería, y luego la aproveché para los de Primera Comunión de aquí. Como van sin hache, no son ningún saludo especial para después del miércoles de Ceniza. Tampoco pueden ser olas de agua, porque ni tú ni yo somos mares, ríos, lagos, lagunas o piscinas. Y menos aún esas que se hacen en los estadios (la “ola mejicana”), porque la Cuaresma te puede dejar más delgado, pero no es un deporte. Entonces, ¿qué es una “ola de Cuaresma”?

FRAY JUNÍPERA

FRAY JUNÍPERA

Si no eres de nuestro gremio marrón, ni simpatizante siquiera, lo de Fray Junípera no te sonará nada, así que más vale que empiece por el principio. Fray Junípero, con “o” final, era un fraile muy simple, muy simple, muy simple el pobre, pero amaba mucho a San Francisco y viceversa también. De él se cuentan muchas historias chuscas que puedes leer en el DIRECTORIO FRANCISCANO, pinchando en https://www.franciscanos.org/florecillas/frayjunipero.htm. Lo de JuníperA, en femenino, tiene también su por qué. San Francisco de Asís tenía cantidad de amigos y amigas, porque eso no está reñido con ser santo, y en Roma vivía una amiga suya, viuda y ya con sus añicos la mujer, que se llamaba Jacoba de Settesoli. Era una señora de la nobleza y tenía una casa solariega, y alguna de las veces que nuestro Santo fue a Roma se hospedó allí. Eran tan amigos que San Francisco la llamaba “fray Jacoba”, y la trataba como si fuera un fraile más; de hecho, cuando estaba a punto de morir le mandó aviso para que fuera a despedirse de él y, de paso, le trajera tela para la mortaja y —nos dice textualmente su biógrafo— “un pastel que el Santo había deseado comer”. Por eso los franciscanos, además de golosos por vocación, cuando hay alguna feligresa que viene mucho por el convento o nos regala dulces, la llamamos, en plan cariñoso, por supuesto, fray Manoli, o fray Teresa, o fray como quiera que se llame.

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