Encuentro de Cuaresma de la Zona de Levante

El pasado día dos marzo y en nuestra casa de Santa Ana del Monte, en Jumilla, celebramos el encuentro de Zona según lo programado por el equipo de Formación Permanente. Presididos por nuestro Definidor de Zona, Fr. Joaquín Zurera, asistimos 42 hermanos procedentes de todas las casas de la Zona, es decir, Cartagena, Cehegín, Cocentaina, Gilet, Jumilla, Murcia Onteniente, Orihuela, Pego, Santo Ángel y Valencia. Dada la proximidad han venido también cuatro hermanos de la relativamente cercana Albacete.

Nuestro hermano Fr. José María Roncero, Moderador de la Formación Permanente, expuso y glosó muy acertadamente, como es habitual en sus intervenciones, el tema programado para este encuentro en base al resumen que han presentado los hermanos de El Palancar del documento Escuchen y Vivirán… Directrices para construir una fraternidad de eremitorio o casa de oración, publicado por la Curia General en el año 2017 como desarrollo de la Decisión nº 7 del Capítulo General de 2015. En treinta minutos escasos nos brindó la posibilidad de pregustar los contenidos básicos del sabroso documento citado.

Distribuidos en cinco grupos de reflexión y encuentro pudimos compartir nuestras experiencias sobre la vida de oración y la autenticidad de la misma en nuestra vida ordinaria. Vueltos a la asamblea y, coordinados por Fr, Joaquín Zurera, los secretarios de cada grupo expusieron muy sucintamente lo compartido en los grupos.

Concluimos la mañana rezando la hora intermedia en la pequeña Iglesia-Santuario. Animados por el nuestro hermano Fr. Sebastián López nos unimos a la plegaria de todos los hermanos de la Orden rezando los salmos redactados, sobre todo, en base al texto de la Regla no Bulada.

También la comida es importante y allí, a los que la salud se lo permitía, pudimos degustar los ricos vinos jumillanos que las bodegas nos regalaron para esta ocasión.
El encuentro ha sido un motivo más para dar gracias al Padre de todo bien, por el don de hacernos hermanos. El ambiente cordial y de confianza mutua generó el caldo de cultivo en donde pudo germinar lo mejor que se nos ha regalado el don de la oración vivida en fraterna comunión. El clima y los almendros en flor ayudaron a que visualmente se hiciera patente la bondad y belleza de Aquel a quien amamos, rezamos y nos convoca.


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