El cardenal Omella en Guadalupe

Convocados por el arzobispo metropolitano, D. Celso Morga Iruzubieta, y los obispos de Coria-Cáceres, D. Francisco Cerro Chaves, y Plasencia, D. José Luis Retana Gozalo, casi dos centenares de presbíteros y diáconos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz se han dado cita en el Real Monasterio de Guadalupe (Cáceres).

El pasado 9 de mayo, para celebrar a san Juan de Ávila, patrono del Clero secular español, e iniciar las conmemoraciones del Vigésimo quinto aniversario de la creación de la Provincia eclesiástica, mediante la bula Universae eclesiae del 28 de julio de 1994, que se cumplirá el próximo 12 de octubre de 2019. Con tal motivo, los tres obispos de la Provincia eclesiástica habían invitado al cardenal D. Juan José Omella y Omella, arzobispo de Barcelona, para pronunciase una conferencia y presidiese la eucaristía en la basílica dedicada a Santa María de Guadalupe, Patrona de Extremadura desde el año 1907.

La conferencia, impartida en el Auditorio Mayor o iglesia nueva, tuvo lugar a las 11.30, tras el rezo de la hora tercia y el saludo del guardián del convento, fray Antonio Arévalo Sánchez, que les acompañó en todo momento. Apoyado en textos de san Juan de Ávila –peregrino de Guadalupe como sus devotos padres– y de las exhortaciones apostólicas Evangelii gaudium y Gaudete et exultate, el cardenal Omella, miembro de la Congregación de obispos, propuso tanto la reforma interior de los pastores como de las estructuras parroquiales, así como los elementos fundamentales de toda vida apostólica. Después de la conferencia, salpicada de jugosas anécdotas pastorales, el cardenal presidió –con los obispos, guardián y vicarios generales– una magna concelebración eucarística que concluía, pasadas las 2 de la tarde, con el canto del himno Augusta Reina de Extremadura y posterior subida al camarín de Nuestra Señora.

La jornada se cerró con una comida de hermandad en el refectorio de la Hospedería del Real Monasterio. Al término de la misma, el cardenal Omella, en su primera visita a este santuario mariano, firmó en el Libro de Visitantes Ilustres, y acto seguido, el guardián le entregó unos libros de la histórica casa y le guió por los claustros y los museos. De aquí partió a media tarde, con el arzobispo de Mérida-Badajoz y su secretario, hacia Córdoba, donde los Omeyas establecieron el fastuoso califato. Aunque la causa no era una visita a los ancestros, sino un encuentro con el presbiterio cordobés, que guarda en Montilla las reliquias de san Juan de Ávila, apóstol de Andalucía y de la baja Extremadura.

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